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La famosa celebración ejerce una función motivadora entre ancianos y jóvenes que evocando sus costumbres, conocimientos y habilidades tradicionales, comparten, honran y revitalizan la cultura indígena

Todos los años, entre los meses de abril y diciembre, época de primavera y verano en el hemisferio norte, se realizan en territorio estadounidense numerosos encuentros de pueblos indígenas denominados Pow wow.

Aunque los más publicitados de estos eventos admiten la presencia de personas no indígenas, e incluso se realizan en las calles de algunas ciudades, muchos de ellos se desarrollan en el interior de las comunidades tribales, pues, como el nombre Pow wow lo indica (el término derivaría de la palabra algonquina Pauau, encuentro de personas), se trata de una reunión festiva de grupos originarios, en cuyo transcurso se baila, se canta, se comparten comidas y regalos, se revitalizan conocimientos y se reconocen las actividades personales destacadas, especialmente las referidas a temas solidarios que lo ameriten.

En algunas ocasiones, los participantes pertenecen a un solo grupo, pero en general la convocatoria incluye varias tribus, incluso canadienses, cuyos representantes recorren muchos kilómetros en la “ruta del Pow wow”, asistiendo, con sus expresiones artísticas por equipaje, a sucesivos encuentros, programados en forma cronológica para facilitar la asistencia a la mayor cantidad posible de ellos.

Se piensa que el origen del Pow wow serían las prácticas de las sociedades de danzas guerreras de las tribus sureñas de las praderas estadounidenses, en coincidencia con el valor espiritual y de cohesión social que los pueblos indoamericanos han dado desde siempre al baile, el canto y la música en comunidad. También se habla de resabios de la obligación impuesta por los blancos a los internos en las Reservaciones indias a fin de mostrar públicamente las “curiosidades” de la cultura de los vencidos, pero lo cierto es que en lo que va del siglo XXI, el Pow wow sigue siendo una eficaz manera indígena de honrar y fortalecer la propia identidad.

El Pow wow se desarrolla en un espacio preparado a tal fin por el comité organizador y se inicia con la gran entrada, o presentación de las banderas de los grupos participantes, incluidos los veteranos de guerra. A continuación ingresan los jefes tribales, las princesas, los ancianos y los organizadores. Por último ingresan los danzantes, primero los varones y luego las mujeres, al son de los tambores.

Luego de una invocación, se realiza una danza circular seguida por los cantos y danzas inter- tribales, con las que se inicia la competencia de bailes dotada de importantes premios en efectivo. Estas danzas suelen reproducir estilos antiguos, con vestimentas tradicionales y los cantos realizados en lenguas originarias. Luego existen las danzas “de lujo” con ropas más llamativas (en general con ornamentos de plumas, mostacillas y lentejuelas) y movimientos más elaborados que en el caso anterior.

Es imprescindible que los participantes se presenten “de punta en blanco”, ya sea para las danzas guerreras, o la “de la hierba” y “del conejo” entre los varones y las de “gamuza y cuero “ (en alusión a los materiales de la vestimenta), del “chal” (de giros rápidos para lucir los flecos) o la danza de curación (con una pollera ornada con pequeños conos de hojalata que se mueven y suenan al compás del bailarín) entre las mujeres.

También hay bailes individuales y en pareja, especialmente el “los dos pasos de baile”, donde las parejas siguen en línea a los dos bailarines que los encabezan. Entre las danzas en grupo, se destaca la “de la serpiente y el búfalo” en las que al principio se imitan los movimientos del reptil y luego el desplazamiento de una manada de bisontes. También hay concursos para grupos de mayores, jóvenes y niños.

Los cantantes y músicos juegan asimismo un importantísimo papel, ya que, además del valor propio como expresión de espiritualidad, son el acompañamiento natural de las danzas, por lo que es una constante la presencia de grupos de hombres alrededor de inmensos tambores, batiendo los parches mientras entonan cánticos ancestrales.

Los Pow wow pueden durar hasta 6 días, y en su transcurso se comparten comidas tradicionales, con maíz o en base a carne de bisonte o venado. También se estrechan relaciones sociales y se realiza un intercambio de presentes entre amigos y familiares o para destacar a quienes se han distinguido ese año por sus logros o actos de solidaridad.

Entre estos presentes se valoran los decorados con el motivo de la “Estrella de la Mañana”, de cinco u ocho puntas, que ya aparecía como adorno en los cueros de los escudos, tipis y ropas en tiempos prehispánicos. Es que Venus, la estrella del amanecer, fue vista, principalmente por los sioux, como un nexo entre el mundo de los vivos y los muertos y por ello su imagen se utiliza como motivo, bordado, pintado o estampado, en los objetos que se intercambian como expresiones de solidaridad para quienes han sufrido pérdidas o para celebrar nacimientos, bodas, graduaciones, etc.

Entre los Pow wow abiertos al público se debe mencionar el de Albuquerque, Nuevo México, al que concurren alrededor de 2.500 bailarines en representación de 500 tribus nativas para “participar social y competitivamente”, como reza el anuncio del evento, y también mostrar, a través del “mercado indio” las producciones de cerca de 800 artistas y artesanos de los pueblos (en Nuevo México existe el Instituto de Artes Indígenas, del que egresan calificados pintores, escultores, etc.)

A modo de captación e incentivo al universo indígena en general, en estos encuentros multitudinarios se da espacio a las inquietudes “modernas”, con un sector dedicado a las expresiones jóvenes, o sea además de la música tradicional, música country, pop, reggae, hip hop, etc.

En pequeña o en gran escala, el Pow wow ejerce una función motivadora entre ancianos y jóvenes que, evocando sus costumbres, conocimientos y habilidades tradicionales, encuentran la ocasión de compartir y honrar la cultura indígena de esa parte de nuestro continente. Es una manera de revitalizar, especialmente entre los jóvenes, la identidad originaria de toda América.

Por Maria Ester Nostro
Fecha: 26/5/2016

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