EL TIEMPO Buenos Aires

Chaparrones

T17°
Chaparrones

Min: 15°C    Max: 21°C

suscribirse
Recibir resumen períodico
de las noticias y artículos
más destacados del diario.

Llega con la primavera a los desiertos de Norteamérica y con su música atrae la alegría y fertilidad a toda la naturaleza

El sudoeste norteamericano es un territorio de mesetas áridas y profundas quebradas que se prolonga desde México hacia el norte en forma de extenuantes desiertos y escarpadas montañas que conforman, por ejemplo, el Gran Cañón del Colorado.

Es el hogar de pueblos indígenas como los zuni, los hopi, los navajo, los apache, herederos de poderosas tradiciones milenarias de los anazasi y los pueblo.

Aquí la vida ha sido y es difícil. Los pueblos han vivido fundamentalmente de la caza y la recolección de frutos del desierto, pero principalmente gracias a una eficiente técnica agrícola que les permitió alimentarse durante siglos.

Este también es el territorio por el que vaga un evasivo personaje que, en primavera, se moviliza de aldea en aldea bailando y tocando su flauta mientras atrae la lluvia, el clima templado y la fertilidad de la naturaleza. Se llama Kokopelli y su figura aparece ya en petroglifos de 3 mil años de antigüedad.

Kokopelli es jorobado, lleva un tocado de plumas en la cabeza y, en sus representaciones, aparece siempre en actitud de baile mientras toca la flauta. Su música, se dice, se escucha en la brisa primaveral y produce una especie de fascinación erótica. En este sentido, vale recordar al dios Pan, el flautista de la antigüedad griega dedicado al pastoreo de ovejas, a tocar su flauta (llamada “de Pan”, similar al siku andino) y, principalmente, a seducir a las ninfas con las que compartía el bosque.
Parecería que en todo el mundo se ha celebrado el poder sugestivo de la música cuando se la asocia a la alegría, a la fiesta y a la relajación de los tabúes establecidos en la vida cotidiana.

No es casual entonces, que, según la leyenda, el sonido de la flauta de Kokopelli produzca una suerte de euforia, por la que todos en la aldea cantan y bailan durante la noche entera y que, al día siguiente, las jóvenes descubran que han engendrado una nueva vida.

Simpático, pícaro y astuto, Kokopelli es el dios de la fertilidad, de la música y la alegría, y su influjo se extiende a toda la naturaleza pues bajo su influencia también se reproducen los animales y brotan las plantas. En algunas versiones, la joroba de su espalda sería una bolsa cargada de infinitas canciones, semillas de todo tipo a las que ayuda a crecer con su música y la lluvia necesaria para su geminación.

El origen de esta figura ha sido motivo de variadas conjeturas. Mientras algunos la encuentran asociada al clan hopi de la Flauta, otros han percibido una posible explicación en el rastro de los glifos y pictografías de Kokopelli a lo largo de las antiguas rutas comerciales provenientes de los núcleos toltecas del centro y norte de México. Es probable, dice esta teoría, que los comerciantes del sur entretuvieran su viaje tocando música, que asimismo les servía para anunciar su llegada a los poblados donde intercambiaban sus productos.

Sin embargo, a pesar de la preservación de estos derroteros que fueron tan intensamente transitados en el pasado, dada la aparición bastante tardía de los toltecas en la historia de la región, no queda clara la antigüedad (algunas de unos 3 mil años) de las imágenes que aparecen talladas o pintadas en un sinnúmero de rocas y se extienden por regiones alejadas de esas rutas.

Lo cierto es que, además de aparecer en las paredes de las kivas (templetes semisubterráneos donde el pueblo hopi invoca a los “kachinas”- seres espirituales portadores de vida- en los rituales de iniciación), Kokopelli es una figura extremadamente popular en el sudoeste de Norteamérica, y no solamente se encuentra en los puestos de los artesanos a la par de los “atrapa sueños”, sino que aparece en pinturas, tallas y diseños de joyas, pero especialmente en las casas familiares de los originarios, donde, invariablemente, se lo asocia con la buena suerte, la abundancia, la alegría y la fertilidad. A pesar de la anulación del falo erecto con que solía mostrarse antes de la llegada de los blancos…

Dice la canción:

“Si Kokopelli te atrae con el sonido de su flauta,
Es tiempo de escuchar su son…
“Si las cosas en tu vida no avanzan, su canción te dice
Que lo empieces sin temor, porque tendrás la mayor de las suertes…”

Por María Ester Nostro
Fecha: 13/4/2018

Notas relacionadas

El Orejiverde es un proyecto apoyado por Fundación Felix de Azara Fundación de Historia Natural Félix de Azara, con el auspicio de:

Del nuevo extremo Grupo Editorial
Lof Vicente Catrunau Pincén
Universidad Nacional de Tres de Febrero

y los auspicios institucionales de

UNGRAL
PAZ Y JUSTICIA
TEFROS
RELATOS DEL VIENTO
CCAIA
Takiwasi
Genocidio
Pressenza
Universidad Popular Originaria
Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social
Grupo Documenta
Ministerio de Educación
Grupo Inernacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas
Servicios en Comunicación Intercultural
BLIBLIOTECAS RURALES DE CAJAMARCA
Logo del Movimiento en Defensa de la Pacha
 ProArHEP del Departamenro de Ciencia Sociales de la Universidad Nacional de Lujan
 Universidad Nacional de Lujan
Tigre Municipio
PCCA
BIOANDINA ARGENTINA
MUSEO ETNOGRAFICO
RADIO YANDE
INAI

2015. El Orejiverde. Idea y Dirección General CARLOS R. MARTINEZ SARASOLA. Domicilio legal: Jorge Newbery 1873, 3ro B (1426) CABA.
Número de Registro de Propiedad Intelectual 5244912. - Website realizado por arazifranzoni