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Miles de personas han concurrido al sitio de la protesta contra la construcción del oleoducto Dakota Access Pipeline en la reservación sioux de Standing Rock

1809. El jefe shawnee Tecumseh organiza la primera y mayor Confederación india de la historia para resistir el acoso del general norteamericano William H. Harrison quien, al derrotarlo, dio un gran impulso a su carrera política hacia la Casa Blanca.

1876. En el campamento de Toro Sentado (Sitting Bull, Tȟatȟaŋka Iyotȟaŋka), en un meandro del rio Rosebud, se realiza un multitudinario encuentro de tribus, a fin de resistir el ataque del ejército de Estados Unidos que trataba de acorralarlos para su internación en Reservaciones. Esto abriría las Black Hills (Colinas Negras) a colonos y mineros blancos luego del descubrimiento de oro en el sitio. El ataque del ejército fue dirigido por el general George A. Custer y la batalla se desarrolló en la planicie de Little Big Horn, con la derrota de las tropas militares.

2016. Desde 2014, las autoridades de la Reservación sioux de Standing Rock, en Dakota del Norte, han estado querellando a la empresa Energy Transfer Partners a fin de impedir la construcción de un oleoducto, el Dakota Access Pipeline, que cruzaría las tierras tribales poniendo en peligro la salubridad del agua y los sitios sagrados de la comunidad. Ante el avance de la obra, en abril de este año, los sioux establecieron un campamento de oración en el sitio de las Rocas Sagradas, a orillas del rio Misuri y organizaron una convocatoria por redes sociales a todos aquellos que deseaban apoyar su reclamo, ya sea acercándose al lugar o a través de los medios virtuales.

Es así que el llamado de Standing Rock recibió una extraordinaria respuesta en las últimas semanas en espera de la sentencia del juez federal James Boasberg que entiende en el caso, cuya fecha límite fue fijada para el 9 de septiembre, pero principalmente a partir del ataque con perros y gas pimienta sufrido el 4 de septiembre por los sioux, quienes enfrentaron a las topadoras que el día anterior habían arrasado un sitio sagrado , en la confluencia de los ríos Cannon Ball y Misuri. El hecho es que, además de la toma inconsulta de decisiones con respecto al trazado del oleoducto, la defensa de Standing Rock había argumentado la existencia de restos arqueológicos de relevancia en la zona y acababa de presentar informes al respecto. Informes que no llegaron a ser considerados pues la Energy Transfer barrió con sus topadoras el sitio, borrando las pruebas de su existencia.

Pero sin duda, lo que los constructores del oleoducto no esperaban fue la inesperada estrategia indígena, basada en la protesta no violenta y la utilización de redes sociales a fin de, como definió el activista mohawk Jay Mason, “asegurarnos que la atención del mundo se centre en lo que sucede allí.”

En un punto donde se mezcló el recuerdo de los brutales despojos de tierras indígenas con importantes perjuicios económicos a muchos campesinos blancos, la prepotencia de los intereses industriales con el empuje de los movimientos ambientalistas, gran cantidad de adherentes de toda Norteamérica comenzó a movilizarse en el denominado “rally por Standing Rock” en solidaridad con el reclamo sioux. Día a día fueron llegando delegaciones de todas las naciones indígenas de Norteamérica en forma de grupos a caballo, a pie, en vehículos, de contingentes de maratonistas e, incluso, de grupos de canoeros que se acercaron a puro remo navegando los ríos desde Alaska. Cada uno lo hizo luciendo atavíos étnicos, al son de músicas y cantos tribales donde se pudo reconocer desde la sonoridad de los tambores de las praderas hasta el particular ritmo de la música maya y azteca. Cada uno lo hizo en plena consciencia de la sacralidad del lugar y del acontecimiento centrado en la oración y la resistencia no violenta. Una muestra de ello fue el aporte de un Totem Pole (representación del totem tribal en un tronco macizo) por parte de los pueblos tlingit, haida y salish de la costa noroccidental a fin de dar real significado a las ceremonias que se realizasen a su alrededor.

Este reclamo, convertido ya en movimiento, fue también una tribuna donde jefes y ancianos alternaron sus discursos con los de activistas por los derechos indígenas y conservacionistas ambientales. Es notorio que la mayoría de los pueblos, entre los que especialmente se cuentan los hopi y los navajo, refirieron conflictos sobre la apropiación de tierras y combustibles fósiles por parte de empresas privadas u organismos estatales. Sin embargo, la presencia de respetables ancianos como Nac´a (jefe) Arvol Looking Horse, de la 19ª generación de guardianes del Paquete de la Pipa Sagrada de la Mujer Búfalo Blanco, de los sioux lakota, reforzó el sentido espiritual del encuentro , resumido en las palabras de Dave Archimbault, presidente de la Reservación de Standing Rock: “Esto comenzó con una plegaria, con una ceremonia. Creo que hay un espíritu elevándose en nosotros a lo largo y lo ancho de la nación y del mundo diciendo “Basta”. Y no soy yo el que está hacienda ésto. Es el Creador quien está a cargo.”

Algo sucedió camino a casa

Tal como lo había anunciado, el 9 de septiembre el juez federal James Boasberg emitió su veredicto en el litigio entre Standing Rock y la empresa Energy Transfer Partners. Un veredicto negativo a los reclamos de los sioux quienes, según el juez, no lograron probar la importancia cultural de las tierras tomadas por el gasoducto, cuyas obras se negó a detener.
Simultáneamente el presidente Barack Obama concluía su histórica visita al sudeste asiático, siendo el primer mandatario norteamericano en visitar la zona después de la guerra de Vietnam. Relajado, el día 9 y en el último tramo de su estadía, se prestó a una conferencia de prensa en la Universidad Souphanouvong, en Laos. Allí, como surgida de la nada, una joven oriental lanzó una pregunta sobre la situación de los nativos americanos que reclamaban por la construcción de un oleoducto. Obama, quien con su esposa visitó Standing Rock en 2014 y efectivamente facilitó en algunos aspectos el contacto intercultural, se mostró desconcertado y contestó generalidades hasta finalmente sincerarse con un “algunos de estos temas están regidos por leyes y tratados y por eso no puedo darle a Ud. detalles sobre este caso particular. Tengo que reunirme con mi equipo e informarme sobre cómo estamos actuando al respecto.”
Tal desinformación frente a la pregunta de una joven de lejano origen, además de generar severas críticas entre los analistas norteamericanos, produjo un imprevisto giro en toda la situación de Standing Rock: en cuestión de horas el gobierno federal resolvió detener provisoriamente la obra del oleoducto y la intervención del Departamento de Interior, el Departamento de Justicia y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército en una revisión detallada del cumplimiento del Acta Nacional de Política Ambiental y otras leyes como el Acta de Agua Limpia y el Acta Nacional de protección Histórica.

De la amargura a la alegría, del desencanto a la esperanza. Así fue el proceso en un lapso muy corto de tiempo, y si bien los indígenas norteamericanos saben mucho de promesas incumplidas, el jefe Archambault se muestra optimista. Dice: “Nuestras voces han sido oídas –dice- y el gobierno federal ha invitado a las tribus a sentarse a una mesa de consulta sobre los proyectos de infraestructura.”

De todas formas, se trata de un respiro para reflexionar sobre la experiencia, pues las enseñanzas han sido muchas en especial en lo referido a la necesidad de unión entre las naciones para no ser desestimadas por los más poderosos y al uso de las nuevas tecnologías de comunicación de mensajes que el mundo ha demostrado atender.

Por María Ester Nostro
Fuentes
Native Americans News, Native Daily Network, Indian Country Today Media Network.
Fecha: 19/9/2016

Notas Relacionadas:
Standing Rock: el oleoducto que ha puesto de pie a los sioux, 02 de septiembre 2016

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