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Los principales lugares sagrados de todas las culturas son llamados “Ombligos del Mundo”. Estos conectan al ser humano con todos los seres vivos de la Tierra, y a ésta con el Cosmos. Es allí donde la energía vital del planeta surge con más fuerza.
(Claudio Ardohain)

El todavía vigente conflicto por el paso de un oleoducto por la reserva sioux de Standing Rock, Dakota del Norte, en Estados Unidos, ha puesto en evidencia no sólo un tema de carácter ambiental (preservación del medio ambiente frente al peligro de derrames, especialmente en lo referido a la contaminación del agua) sino también geopolítico y espiritual.

Por un lado, es imposible ignorar el significado de lo que, a nivel nacional e internacional, implica el autoabastecimiento de petróleo en términos económicos y políticos para cualquier país del mundo. Por otro, en términos de la estructura interna de un país, el proyecto de cruzar la reservación de Standing Rock con un oleoducto, reaviva una herida que se remonta al siglo XIX, cuando sucesivos tratados entre los pueblos originarios de Norte América y las autoridades estatales, no fueron respetados por éstas con el consecuente despojo territorial de las tribus indígenas.

Un breve repaso. En 1868, luego de la “guerra de Nube Roja”, se firma el tratado de Fort Laramie asignando un vasto territorio al pueblo sioux en el centro-norte el país, pero la riqueza minera de las Colinas Negras (Black Hills, un grupo de montañas del oeste de Dakota del Sur y el noreste de Wyoming que ocupan cerca de 15 540 km², entre los ríos Cheyenne y Belle Fourche, con una altura máxima de 2207 m en el pico Harney), condujo a un intento de compra (nunca aceptado por el pueblo sioux) de ese territorio y finalmente a su expropiación en 1877 por la Black Hill Act. Se debe destacar que en 1980 la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que las Colinas Negras fueron arrebatadas ilegalmente y que debían ser devueltas, lo que todavía está en suspenso.

Hay, sin embargo, otro argumento, el espiritual, que es esgrimido por la gente reunida en Standing Rock, en su reclamo por el respeto a sus lugares sagrados. Un argumento que apunta directamente a aquello que da sentido a la existencia humana, a ese racimo de creencias y vivencias que, a decir de un viejo antropólogo, nos ”ata a la vida “. En este caso, es la idea de una integración del hombre, la naturaleza y el Universo, en la que, evocando nuevamente a Ardohain, el hombre se convierte en un instrumento a través del cual la Creación entera puede actuar y expresarse en su capacidad de renovar y transmitir la energía vital, la armonía con el Universo. Es la búsqueda de La Visión que se manifiesta a todo aquel que esté preparado para ello y se alcanza en el sueño o en el retiro en esos lugares “especiales”, esos centros de poder donde se produce el contacto con el Misterio.

Las Colinas Negras son uno de esos lugares, como lo es La Meca para los musulmanes, Jerusalem para los judíos o San Pedro para los católicos.

Las Colinas Negras, Centro del espíritu lakota

En términos materiales, las Colinas Negras poseen uno de los mayores depósitos metalíferos del continente y su contextura de granito contiene una poderosa carga eléctrica. Tal vez por eso, desde tiempos inmemoriales, las Colinas Negras, Paha Sapa o Hesapa en lengua lakota, se han considerado el “corazón de todo lo que es”, en especial de la Lakota Oyate (Nación Lakota) y son respetadas como el lugar donde se concurre para la transformación física y espiritual.

Cuenta el mito que, en su origen, el pueblo lakota vivía en el mundo subterráneo. Su jefe eran Wasi y su esposa Wakanka quienes, con el tiempo, se volvieron egoístas y pretendieron todo el poder a través de su hija, la hermosa Ita. Esto provocó que se los expulsara a la superficie, donde la mitad del rostro de Ita se deformó por haber olvidado los valores de su pueblo. Desde entonces, se la llama Anukite, la mujer de doble rostro.
Tiempo más tade, Iktomi, un espíritu tramposo, se transforma en lobo y va hasta la entrada de Wasun Wiconiya Wakan (la cueva que comunica el inframundo con la superficie) tentando a los lakota con comida y ropa. Lo siguen inmediatamente Tokahe, El Primero, y otros tres hombres. Una vez en la superficie, Iktomi y Anukite les dicen que la carne de búfalo los mantendrán eternamente jóvenes. Al regresar al mundo subterráneo cuentan lo que vieron afuera y varios humanos caen en la tentación, pero en el exterior sufren frío, cansancio y hambre y, para peor, Iktomi les impide regresar a la cueva.

Wazi y Wakanka los encuentran y les enseñan a construir tipis, fabricar ropas, cazar bisontes y preparar comida. Eran la primeras siete familias que vivieron en la tierra y fueron los ancestros del Consejo de los Siete Fuegos o las siete divisiones de la nación Lakota/Dakota/Nakota representadas en las estrellas de constelación de la Osa Mayor.

Cuando Wazi y Wakanka se retiran, los lakota empiezan a sufrir hambre y enfermedades. Tokahe viaja entonces hasta He Wakinyan Hohpi, hogar de Wakinyan, El Alado con voz de trueno, en las Colinas Negras. Allí se le ordena seguir a un pinzón de las nieves con su gente, pero Iktomi los convence de seguir a una urraca que no los lleva a ninguna parte. Cuando Tokahe los lleva tras el pájaro correcto llegan a una cueva donde encuentran agua y mucha comida. Iya, el gigante malvado que iba con ellos, los contamina con su aliento y mucha gente muere. Wakinyan viene entonces en ayuda con su voz de trueno y ojos relampagueantes llevándose a Iya muy lejos. Desde entonces, en caso de grandes enfermedades, los lakota oran a Wakinyan para destruir la enfermedad.

Raíz y regeneración

Actualmente, He Wakinyan Hohpi (Bear Butte o Monte del Oso) es un lugar sagrado donde mucha gente viene en busca de una visión, para lo cual, como ya lo hizo Toro Sentado (Sitting Bull, Tȟatȟaŋka Iyotȟaŋka) en su momento, se debe orar por cuatro días y cuatro noches. Otro punto importante es Okawita Paha (el monte más alto de las Colinas Negras) desde donde se visualiza lo que una vez fue la totalidad del territorio lakota en los Estados de Wyoming, Neraska, Dakota del Norte y Dakota del Sur. Es el punto de reunión en el solsticio de primavera para festejar ceremonialmente el Regreso de la Wakinyan Oyate o Nación del Trueno en un ruego a Makasitomniya y Wakakaskan por el bienestar y salud de toda la Creación. Se trepa hasta la cima de montaña con ofrendas y pipas sagradas festejando el renacimiento de la vida animal y vegetal y recordando que estamos todos emparentados.

En una bella imagen, Charlotte Black Elk, una reconocida historiadora lakota, define lo que las Colinas Negras significan para su pueblo: “Todo el Universo canta una canción / y / todas las canciones están arracimadas en las Colinas Negras,” el único lugar donde esa canción se halla completa.

Fuentes:
Por Maria Ester Nostro
Ardohain, Claudio. Preservación de los lugares sagrados
Moya, Simón. Las sagradas Colinas Negras. Un campo de batalla ideológico
Champoux, Peter. http//www.geometry ofplace.com
Fecha: 1/10/2016

Notas Relacionadas:
La mayor concentración indígena de los últimos 150 años, 19 de septiembre 2016
Standing Rock: el oleoducto que ha puesto de pie a los sioux, 02 de septiembre 2016
Volver a las Black Hills o la ironía de comprar la propia tierra, 27 de marzo 2016

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