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El 1,9% de los habitantes de esta provincia se reconoce como descendiente y/o perteneciente a un pueblo originario, lo que da cuenta de un proceso por el cual se empiezan a reivindicar y a reconstruir sus lazos de descendencia

Desde hace varias décadas estamos asistiendo a un proceso común en distintos países de América Latina, en el cual los pueblos indígenas se identifican y son reconocidos como tales. Abordar cabalmente este fenómeno heterogéneo implica considerar una serie de dinámicas nacionales y trasnacionales que intervienen, pero aquí haremos una reducción de escala para enfocarnos en presentar algunas reflexiones sobre la cuestión indígena en la provincia de San Luis, Argentina.

Los datos disponibles: la ECPI de 2004 y el censo de 2010

Los datos censales han funcionado históricamente como dispositivos que visibilizan (y en cierta medida, construyen) a determinados colectivos de pertenencia, tal como son identificados en la sociedad. Las maneras de agruparnos (por nacionalidad y/o procedencia étnica, por ejemplo) no son formas ahistóricas, sino que obedecen a ciertas relaciones sociales y marcos y configuraciones específicos. Estas ideas se ven reflejadas al abordar las características de los censos nacionales en la Argentina reciente. De modo inédito, en 2001 se incorporó la pregunta por si en el hogar al menos una persona declaraba pertenecer y/o descender de algún pueblo indígena. En base a esos datos, se construyeron distintas regiones muestrales en las cuales se realizó la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI), entre 2004 y 2005. Este trabajo brindó estimaciones sobre los distintos pueblos presentes en el país al momento y su ubicación geográfica.

Cuando analizamos estos datos con respecto a San Luis, vemos que sólo fueron identificadas personas que se autorreconocían como huarpes y/o descendientes de este pueblo en particular en primera generación. Los datos son iluminadores, pero constituyen una fotografía de un momento particular tomada con una cámara específica (como es esta encuesta, construida en base a muestras, es decir, no es encuestada la totalidad de la población).

Por eso, al analizar los resultados del censo de 2010, podremos tener un punto de comparación que nos permite enriquecer y complejizar los datos obtenidos en la ECPI. En esta oportunidad, volvió a incluirse la pregunta, aunque, nuevamente, no nos preguntaron a todos los censados la pertenencia y/o descendencia indígena, sino a aquellos que, de acuerdo al diseño de muestreo, les tocó responder los cuestionarios ampliados. Si bien podríamos argumentar algunas limitaciones al respecto, entendemos que resulta una herramienta válida para mostrar el carácter dinámico del proceso que están atravesando, de modo heterogéneo, distintos pueblos originarios en Argentina.

La media nacional indica que el 2,4% se reconoce indígena, mientras que, en San Luis, este número desciende a 1,9% (son 7.994 personas sobre un total de 432.310 habitantes). Y aquí encontramos el dato que consideramos más interesante: de ese número identificado, el 26,9% son comechingones, el 16% mapuches, el 11% huarpes, el 8,3% quechuas, el 8,3% guaraníes, el 6,4% pampas, 5,2% tobas, el 3,9% diaguita-calchaquíes, el 3,7% rankülches y el 10,4% restante fue agrupado en la categoría de otros. La extensa mayoría de estos actores viven en áreas urbanas y nacieron en Argentina. De ellos, el 67,6% es oriundo de San Luis (1)

Reivindicar la descendencia

Ahora bien, ¿cómo interpretar estos datos? En primer lugar, resulta interesante detenerse en la comparación con los resultados de la ECPI: en ese momento, sólo se visibilizó al colectivo de pertenencia huarpe mientras que, en 2010, se identifica una multiplicidad de pueblos. Si bien hay un cambio en la forma de recolección de los datos, esta diferencia de resultados da cuenta del proceso abierto y creciente que mencionábamos anteriormente, a partir del cual distintos individuos y familias empiezan a reivindicar ‒y, en algunos casos, a reconstruir‒ sus lazos de descendencia que se vieron cortados en el pasado.

En segundo lugar, cabe detenerse en la dimensión provincial y tener en consideración una serie de sucesos que ocurrieron en esta etapa con respecto a la cuestión indígena. Entre ellos, podemos destacar la implementación de una serie de medidas estatales que enmarcan los derechos de las comunidades originarias de la provincia a partir de 2006. La nueva legislación incluyó, entre otros aspectos, el reconocimiento de la pre-existencia étnica y cultural de los pueblos indígenas y la restitución de tierras para huarpes y ranqueles (o rankülche). Antes de estos hechos, algunos referentes de estos pueblos habían comenzado a organizarse y movilizarse entablando un vínculo con ciertas organizaciones civiles locales (como una ONG y un Centro de Estudios) y comunidades de otras provincias, lo cual había empezado a sentar las bases para este reconocimiento público.

Lo cierto es que la batería de medidas otorgó visibilidad inédita a los indígenas locales, principalmente a aquellos que formaron parte de las políticas estatales implementadas, por ejemplo, a partir de la creación del Pueblo Nación Ranquel, ubicado sobre la ruta provincial 27, a aproximadamente a 200 km de la ciudad de San Luis. Este proceso de reconocimiento oficial y organización política de ciertas comunidades y referentes, a partir de su relación de articulación con el gobierno provincial, constituye el aspecto más visible del fenómeno. Por fuera, existen otros actores que están impulsando una revisión de su pasado y presente rankülche, por ejemplo, en la localidad de Unión, al sur provincial. Allí encontramos una política explícita a nivel municipal en este sentido, así como un conjunto de actores que no necesariamente pretenden una organización política como comunidad, pero manifiestan su descendencia indígena y buscan revalorizarla.

Comprender la discontinuidad

Pero, cabe preguntarse, ¿por qué este proceso de visibilización es inédito? ¿los indígenas aparecieron “de la nada”, o siempre estuvieron ahí? Realicemos un breve repaso histórico. La conformación social y política de San Luis como provincia se consolidó en base a un imaginario “criollo”, en donde los protagonistas principales habrían sido los herederos de la conquista española que habitaron en este lugar, y lucharon para la formación del Estado nación. Por el contrario, los distintos pueblos indígenas que habitaban esta provincia, tal como lo relató la historia oficial de impronta decimonónica, habrían “desaparecido” por mestizaje o en el contexto de la llamada conquista del “desierto” entre 1878 y 1879. El primer caso correspondería al arquetipo de los huarpes y el segundo, al de los ranqueles. Sin embargo, los sucesos y fotografías que presentábamos anteriormente desafían estas afirmaciones, y nos obligan a afinar la mirada para abordar la complejidad de los procesos sociales e históricos.

Un abordaje de este proceso en profundidad nos obligaría a adentrarnos en cada pueblo indígena en particular. Desde nuestra perspectiva, además de considerar las dinámicas nacionales y políticas estatales, la historicidad particular de cada uno de estos grupos en cada territorio provincial, la manera y etapa en la que fueron subyugados, sus características de organización interna y sus vínculos interétnicos son aspectos fundamentales para comprender por qué se vieron discontinuadas sus identificaciones como indígenas en el espacio público local. Por ejemplo, no podemos desconocer los imaginarios de provincialización en torno a los “criollos” que mencionábamos anteriormente ni las políticas estatales de desarticulación de las familias rankülche que incluyó traslados forzosos a otros puntos del país, ente otras medidas represivas perpetradas en el marco de un genocidio durante la segunda mitad de siglo XIX.

Por lo tanto, comprender los datos censales requiere de ojos desprejuiciados que rompan con representaciones estáticas y ahistóricas que regulan normativamente los imaginarios dominantes sobre la población argentina. Ser indígena hoy no significa haber quedado atrapado en estereotipos exógenos, sino precisamente haber asumido el carácter dinámico de los procesos sociales e identitarios. Esto ha abierto una nueva agenda de investigación a nivel provincial que nos invita a seguir aquellos hilos que los propios actores están buscando reconstruir. Esto no está exento de dificultades y contradicciones ya que, muchas veces, aún aquellos que alegan con orgullo una descendencia étnica, pueden relatar con lujo de detalles las trayectorias de un antepasado europeo, pero resulta dificultoso equipararlo con ese abuelo o bisabuelo que simplemente era “de acá”. Sin embargo, entendemos que un primer paso necesario es hacernos cargo de los afluentes heterogéneos, múltiples y cambiantes que componen los ríos que navegamos. Esperamos haber aportado en esa dirección.

(1) Datos extraídos de Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010: Censo del Bicentenario. Pueblos originarios: región Cuyo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Instituto Nacional de Estadística y Censos - INDEC, 2015.

Por Celina Vacca
Fecha: 5/11/2016

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