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Una lección de cosmovisión andina y algunas reflexiones sobre el difícil encuentro entre Occidente y los pueblos originarios

El pasado sábado 26 de noviembre, bajo una intensa lluvia primaveral, se desarrolló el encuentro “Espiritualidad y cosmovisión andina en el Noroeste Argentino” en La Abadía Centro de Arte y Estudios Latinoamericanos de Buenos Aires. El orador fue el Tayta Carmelo Sardinas Ullpu, reconocido referente de la tradición andina originaria y responsable de la Organización Mink´akuy Tawantinsuyupaq. Su interlocutor principal fue Carlos Martínez Sarasola, antropólogo, director de ElOrejiverde, quien facilitó el diálogo con los asistentes, a través de sus preguntas y reflexiones. De esta manera se daba también cierre a la muestra Las formas de lo sagrado. Arte Precolombino del Noroeste Argentino, que estuvo allí exhibida entre el 26 de julio y el 27 de noviembre de este año.

Durante la primera hora Carmelo nos ofreció una visión muy amplia y detallada de la visión del mundo de los pueblos de los Andes. Una verdadera clase, en la que usando tanto su don de la oratoria, como una muy didáctica presentación de diapositivas, fue presentando los conceptos fundamentales de la cosmovisión andina, junto con una encendida exaltación de sus valores y la natural condena a los atropellos cometidos por Occidente.

El respeto por la Naturaleza y el pedir permiso

“Si tienes que curarte de una enfermedad…esta planta te va a curar…-nos decía Carmelo- Pero no vayas y arranques la planta; pídele permiso, porque es un ser vivo, igual que los animales y todo lo que nos rodea. Cada uno de estos seres está cumpliendo una función dentro del orden natural. Y aquí entra la gran responsabilidad de los pueblos originarios, entendiendo el orden natural y cósmico. Para cazar a los animales no usamos ninguna flecha ni cosa punzante, porque no cazamos hiriendo…porque luego ese dolor del animal nos hace daño. Y la armonía y el respeto comienzan en uno mismo.”

Los animales sagrados y la evolución de la Humanidad

Para los pueblos originarios todos los animales merecen respeto, y buscan vivir armónicamente con ellos. “Pero hay algunos considerados sagrados, que además son venerados por sus cualidades especiales de las cuales los seres humanos han tomado profundas enseñanzas para evolucionar, y por eso representan los ideales y valores de la cosmovisión originaria”. Se trata del Kuntur (cóndor) de los Andes, y el Q´enti (colibrí) del Amazonas que nos elevan hacia el Janan Pacha o mundo superior donde reciben las energías de los astros, abriendo el camino de la Cuarta Humanidad, la de la elevación del espíritu hacia el espacio. El Puma (león americano) y el Uturunku de la selva (jaguar) que enseñaron a la Humanidad a cazar, representan la Tercera Humanidad. La Katari (víbora) o Amaru (serpiente), compartieron las cavernas con el hombre durante la primera Humanidad. La Llama y la Vicuña, animales nómades, acompañaron la segunda Humanidad, al mostrar que cuando se termina el pasto en un lugar hay que moverse buscando otro lugar…

La Wiphala, el sonido que flamea en el espacio

“El emblema multicolor de los pueblos andinos, adoptado como símbolo de identidad cultural en tiempos recientes, representa a los cuatro hermanos mitológicos y sus esposas, que dieron origen a los cuatro “suyus” o regiones del Tawantinsuyu (Estado inkaico). Según el color de la franja de dameros escalonados que ocupa la diagonal central, se reconoce a que suyu corresponde: amarillo para el Qontisuyu, (Oeste), rojo para el Chinchasuyu (Norte), verde para el Antisuyu (Este) y blanco para el Qollasuyu (Sur). Por eso –dice Carmelo- no es una bandera, pues la palabra bandera tiene su origen en el concepto de bando, entendido como frentes que se encuentran en conflicto bélico.”

La dualidad y el equilibrio

Según el principio de la Dualidad “todo en el universo se manifiesta en forma dual, con una forma masculina y una forma femenina, no habiendo entre ambos géneros oposición o relación de superioridad-inferioridad, sino que son interdependientes y complementarios, necesitándose mutuamente para que cada energía cumpla su función en el orden cósmico.” Tanto los seres humanos, como los animales, las plantas, las piedras el agua…todo tiene macho y hembra. “Por eso –dice Carmelo- hay que conocer las plantas antes de darlas como medicina. Porque al hombre lo cura la planta hembra, y a la mujer, la planta macho.” De esta manera, a través de la complementariedad de los opuestos se logra la armonía dinámica y el equilibrio.

Muchos temas más fue desarrollando Carmelo a lo largo de la charla, que sería imposible resumir aquí, desde la plantas sagradas, su uso ancestral y su tergiversación contemporánea, la forma andina de concebir el tiempo y el espacio, el origen de los incas, las constelaciones, la organización social, las leyes y las formas ancestrales de saludo.

Qapak Ñan o el camino de los Justos

Luego Martínez Sarasola inició el diálogo retomando algunos de los temas que se ilustran en la muestra de arte precolombino; en primer lugar le pide ampliar el concepto de las “wakas” como lugres sagradas. “Para entender este concepto debemos comenzar por Tiwanaku, el gran templo planetario, ombligo del mundo andino y el trazado de la gran diagonal, una línea recta que vista desde el espacio nos muestra algo sumamente interesante. Hacia el noroeste de Tiwanaku se encuentran primero la ciudad de Pukara, luego el Cusco -la capital del Tawantinsuyu-, al costado Cajamarca, Tumbes y luego el Oceano Pacífico. Hacia el sureste, después de Tiwanaku está las ciudades de Oruru, Potosi, Tarija, Pilcomayo, Formosa, y otro lugar sagrado ya en Brasil que es la Laguna dos Patos, para terminar en el Océano Atlántico. Esta es la gran diagonal sagrada o Qapak Ñan, llamada también el camino de los justos. Esta línea diagonal superpuesta al eje central de la Chakana forma un ángulo de 23 grados de cada lado, los que sumados dan los 46 grados que es la inclinación natural del eje de nuestra Tierra. Esta es la inclinación que permite mantener el equilibrio sobre la Madre Tierra. Y así, basados en este conocimiento pudieron nuestros ancestros distribuir las ciudades sagradas, que son las wakas”.

La muerte y el más allá

También Martínez Sarasola le pide que se detenga un poco más en la concepción andina sobe la muerte, “ya que aquí se exponen los suplicantes de piedra, unas piezas muy emblemáticas que los arqueólogos han interpretado como ligadas a la muerte y el culto a los ancestros.” “La muerte para nosotros –responde Carmelo- es la prolongación hacia la otra vida. Al morir el espíritu de la persona se eleva hacia el Janan Pacha y el cuerpo va a engrosar la Pacha Mama. Con el tiempo el espíritu vuelve a posarse sobre alguna persona familiar, un hijo, un sobrino… Como para nosotros todo es circular, la vida vuelve y en todas nuestras generaciones está el espíritu de nuestros abuelos.”

Una mención especial merecieron las nuevas perspectivas de la ciencia en consonancia con las cosmovisiones originarias respecto a no manipular las sepulturas indígenas y la no exhibición de restos humanos. El famoso caso de los niños de Lullaillaco sirvió como ejemplo de lo que no hay que hacer más “en aras de la ciencia” y en el auditorio quedó resonando una frase: “no tocar a los mallquis”.

Pachakuti: el despertar de una nueva consciencia

Las enseñanzas de Carmelo tuvieron una amplia resonancia en la sala. Muchas de las personas presentes, aunque descendientes de europeos, nos sentimos hoy convocadas por esta sabiduría milenaria y en la búsqueda por trazar un camino común, que no sólo permita reparar las heridas del pasado, sino que vaya abriendo un nuevo espacio para transitar juntos los tiempos que vienen, los tiempos de la reconciliación y el encuentro, los tiempos del respeto por las diferencias y de la construcción de una nueva sociedad basada en la búsqueda de la unidad entre tanta diversidad. Este movimiento, llamado el “nuevo Pachakuti” (un darse vuelta la Tierra, un nuevo amanecer) ya se está anunciando de mil maneras, entre ellas estas reuniones donde se pudo palpar la apertura y la necesidad de continuar profundizando este diálogo. Y, con la paciencia del cultivador, seguir plantando las semillitas del cambio de consciencia.

Por Ana María Llamazares
Fecha: 4/12/2016

Nota Relacionada:
Una muestra que nos transporta hacia la atemporalidad de lo sagrado, 29 de agosto 2016

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