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En ocasión de su presentación en un reciente Seminario nuestra corresponsal reflexiona sobre la historia de ese genocidio y en su relación –entre otros- con el de los pueblos originarios de América

Lo que a continuación se plantea no son más que algunas preliminares reflexiones sobre el Porrajmos (devoración) o Samudaripen( asesinato en masa) o KaliTraš (agujero negro), nombres con que en distintos dialectos de la shibrromaní se está denominando el Holocausto del pueblo Rrom, es decir, los ingentes y sofisticados esfuerzos desplegados por el régimen nazi para exterminar al pueblo Rrom de Europa en el contexto del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial

1. Hay que rechazar la conversión de las conmemoraciones y reminiscencias de un genocidio, a todas luces repudiable, en una verdadera industria, la “industria del Holocausto”, que fue creada y viene siendo instrumentalizada por los sionistas para justificar tanto la expansión de Israel en el Próximo Oriente como para resguardarse de las críticas que se le han venido haciendo al régimen segregacionista y discriminatorio que ha venido imponiendo ese Estado a costa del pueblo palestino. No es éticamente aceptable que un pueblo como el judío que soportó horrores indecibles del nazismo, hoy en día, apelando al sufrimiento soportado durante el Holocausto, le esté causando un daño de mayores dimensiones a otro pueblo.

2. Las conmemoraciones y los imprescindibles ejercicios de memoria histórica acerca de las víctimas de nuestro pueblo en los campos de concentración de las hordas hitlerianas, debe deslindarse totalmente de la “industria del Holocausto” que viene siendo capitalizada para mantener una situación de oprobio en la Palestina ocupada. Nuestro pueblo no puede estar de acuerdo con nada que justifique el constreñimiento de la libre determinación de otro pueblo.

3. Se precisa reconocer que nuestro pueblo ha sido un convidado de segunda clase en las anuales conmemoraciones del Holocausto organizadas por la “industria del Holocausto”. Los sionistas judíos más recalcitrantes han sido especialmente reacios en aceptar que a lo largo de la historia otros pueblos han sido objeto de genocidios, incluso de mayores proporciones y envergadura, que bien podrían llamarse holocaustos, entre los que, a manera de ejemplo, se pueden señalar el armenio bajo los turcos nacionalistas a comienzos del siglo XX; los amerindios y africanos durante la expansión colonialista de Europa entre los siglos XV y XIX; el kurdo cuyo territorio actualmente se halla repartido entre varios Estados; para no hablar de la nakba del pueblo palestino obligado al éxodo o a quedar constreñido en nuevos campos de concentración establecidos paradójicamente por las otrora víctimas hitlerianas de estos--, que no han sido siquiera reconocidos como si al pueblo judío se le hubiera extendido una suerte patente sobre delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra de esta naturaleza. Y es que la “industria del Holocausto” ciertamente no quiere competencia.

4. Cabe resaltar que el sustrato y esencia poblacional de las Américas está constituido por pueblos que en distintos momentos de la historia han sido víctimas de genocidios. El contacto con Occidente implicó que en unas pocas décadas la población indígena disminuyera abruptamente y varios pueblos literalmente desaparecieran de la faz de la tierra. Este es un proceso que, infortunadamente, aún no ha concluido y mientras estamos aquí reunidos son varios los pueblos, especialmente los no contactados o los voluntariamente aislados de las selvas húmedas tropicales, que corren el riesgo de extinguirse. De otro lado, lo ocurrido con los pueblos africanos y sus descendientes es un caso que debe ser incluido en un lugar especial de la historia de la infamia de la humanidad. Los mejores hombres y mujeres de África fueron secuestrados y esclavizados, dejando a este continente sumido en un estado de despojo y expoliación del que no se ha podido superar aún. La suerte de los afrodescendientes tampoco fue la mejor y en pleno siglo XXI siguen siendo la población más empobrecida del continente. De estos genocidios, cuyas consecuencias todavía persisten varios siglos después, pocos hablan y muchos menos se quieren responsabilizar.

5. Las Américas fueron preñadas y enriquecidas por distintas oleadas migratorias de nuestra gente que comenzaron a llegar casi desde el mismo momento en que Cristóbal Colón inauguró su empresa colonizadora. Las talanqueras impuestas al ingreso de determinados grupos poblacionales, entre ellos los Rrom, primero a lo largo de la época de la dominación europea y posteriormente durante el período republicano, no fueron impedimento para que con inusitada imaginación y creatividad, pudieran filtrarse a este continente buscando reconstruir sus proyectos de vida truncados por las sucesivas guerras de las que huían. Precisamente las políticas racistas agenciadas por el régimen nazi --dirigidas, cabe anotar, no sólo contra los judíos, sino también contra el pueblo Rrom, los comunistas, la población LGTB , los Testigos de Jehová…etc.--, redundaron en un incremento de las migraciones de población Rrom hacia Norteamérica y el Cono Sur. En un breve lapso de cinco años esta población aumentó considerablemente hasta llegar y asentarse en países en donde nunca antes habían estado.

6. La principal consecuencia que el Holocausto del pueblo Rrom comportó para las Américas fue que propició que a la ya de por sí enorme heterogeneidad de pueblos y culturas existentes, se sumara la de nuestro pueblo que llegó al continente literalmente cargando su Nación a cuestas para fecundarlo con su espíritu libertario y trashumante. Gracias a esta presencia, especialmente a partir de las migraciones escenificadas como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, nuestro pueblo pudo realizar importantes aportes, infortunadamente no reconocidos y menos valorados, a la configuración de los actuales proyectos de Estado-Nación. Actualmente, particularmente en América Latina, nuestro pueblo es considerado como “el Otro Hijo de la Pachamama”.

7. En Colombia, a lo largo de más de medio siglo que ha durado el conflicto social y armado, nuestro pueblo ha tenido que vivir una experiencia que, sin pretender en modo alguno minusvalorar el horror y la tragedia inherente a los campos de concentración nazi-fascistas y su “solución final”, bien podría llamarse como “pequeño Porrajmos” habida cuenta no sólo de todas las víctimas que ha tenido nuestro pueblo sino sobre todo de los múltiples daños colectivos que ha ocasionado a nuestra rromanipen y nuestro zakono. Todavía está pendiente darle rostro a las víctimas y voz a los sobrevivientes de hechos victimizantes soportados por nuestro pueblo tales como: desapariciones forzadas, homicidios, desplazamientos forzados, confinamientos en nuestras kumpeniyi, reclutamiento forzado, violencia basada en género (VBG), amenazas y agresiones enmarcadas la mayoría de ellas en las equívocamente llamadas “campañas de limpieza social” que casi siempre se fundan en el temor al “otro”, al que es distinto, al que no encaja en los modelos sociales establecidos, es decir, a la gente de nuestro pueblo.

8. El recuerdo del Holocausto del pueblo Rrom pervive aún en la memoria de nuestro pueblo, aunque cada vez más como una referencia remota de un hecho luctuoso que le “ocurrió a otros pero no a nosotros”, en tanto que, como es lógico por ser un asunto reciente y contemporáneo, la violencia que sufrió en el contexto del conflicto armado tiene mayores repercusiones. Sin embargo, pese a que claramente son hechos ocurridos en épocas y lugares distintos, tanto el genocidio a manos del régimen de Adolfo Hitler como la violencia del conflicto armado colombiano, contribuyen a configurar ese común denominador de la historia de nuestro pueblo signada por la persecución, las estigmatizaciones y las agresiones consuetudinarias e incesantes. Esta relación entre dos acontecimientos en apariencia inconexos es necesaria al momento de poner en vigor ejercicios de memoria histórica ya que posibilitan articular el pasado con el presente, en donde el recuerdo adquiere una mayor trascendencia en la medida en que conmueve y lleva a la reflexión. No puede, entonces, permitirse que un hecho como el Holocausto del pueblo Rrom termine hundido en el agujero de la desmemoria como quiera que esa amnesia colectiva conspira contra la posibilidad de comprender de mejor manera los hechos de violencia y discriminación que hoy por hoy soporta nuestro pueblo en diversos contextos y lugares del planeta. La memoria histórica es ante todo una práctica plausible de resistencia que posibilita que nuestro pueblo reconstruya la historia desde su perspectiva. Sin memoria histórica nuestro pueblo desaparece.

Por Ana Dalila Gómez Baos
Activista Rromny. Proceso Organizativo del Pueblo Rrom (Gitano) de Colombia (PRORROM). Corresponsal del Orejiverde. Ponencia presentada en el el Seminario Internacional: “Reflexión y Memoria del Holocausto Rromá”, Valencia, España, del 28 al 30 de noviembre, bajo la convocatoria de varias organizaciones europeas del pueblo Rrom.
Fecha: 7/12/2016

Nota relacionada:
El pueblo Rrom, el otro hijo de la Pacha Mama . 29 de noviembre 2015

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