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El escritor ranquel, werken de la comunidad Ñuke Mapu de Puelén, La Pampa y corresponsal del Orejiverde, realiza una descarnada mirada sobre la situación de los pueblos originarios

Lamentablemente ha sido en los gobiernos democráticos (surgidos del voto “libre y popular”, en muchos casos con engaños y extorsión en los últimos 70 años), donde ha habido más muertos –desaparecidos de la democracia- por distintos motivos; en especial en el NEA y NOA; teniendo en cuenta que no han sido dictaduras como la última.

Nuestros pueblos originarios son quienes más lo han padecido y padecen en el día a día éstas desapariciones de la democracia : desnutrición, injusticia, pobreza, esclavización, contaminación, usurpación, discriminación, abandono, invisibilización, etc. Hoy las culpas recaen en el gobierno nacional de turno; pero como ha ocurrido siempre, las culpas son de los anteriores y no les importa nada. Todo sigue en favor de quienes ostentan el poder del momento. Hasta que llega el próximo y culpa al anterior.

Argentina, ha vivido mirando hacia el océano esperando la salvación, quizá por aquella estúpida forma de pensar que “los argentinos descienden de los barcos”. La salvación de algunos, ya que los antiguos dueños de las tierras y sus descendientes, seguimos en esa lucha por el territorio en los distintos lugares del país. Pero la gran mayoría, por la subsistencia.

Las ideologías murieron hace años, eso hace que cualquiera se cuelgue o le cuelguen representatividad política partidaria, aunque haya insultado días antes al partido o movimiento que dice pertenecer por conveniencia momentánea. De ahí salen los malos e inservibles políticos. De ahí la política prostituyente de la sociedad vulnerable. De los pobres, de los sin techo, de los indígenas.

Tanto la izquierda, centro o derecha, son la misma cosa. Operan con los que sean con tal de permanecer o conseguir cargo o poder. Es decir, seguir viviendo de nosotros. Porque los mantenemos nosotros. Pero hacerse cargo de lo que prometen, jamás.

Desde el siglo XVI con Juan de Garay ha sido padecimiento y sometimiento a nuestros pueblos originarios. El inicio y ejercicio del canibalismo, hasta entrado el siglo XX en muchos lugares. El S. XVIII y XIX particularmente, estuvo plagado de persecución, genocidio y etnocidio. El S. XX estuvo plagado de matanzas, invisibilización, discriminación.

Las muertes por fusilamientos y desaparición de decenas de pilagás en 1947 en Rincón Bomba y Las Lomitas, Formosa; la revolución del ’55; la violencia de los setenta y la peor de todas las dictaduras; los defendidos por Norma Plá; los que murieron en las minas o en obrajes. Un poco de todo lo ocurrido hablan de más de 70 años entre democracia y dictaduras interminables, en muertes porque sí. O por pensar distinto. O reclamar lo propio.

El S. XXI también lleva los suyos. El etnocidio silencioso al que los gobiernos de los últimos 16 años han practicado con nuestros pueblos originarios los gobernantes y representantes nacionales y provinciales. Como los Capitanich, Insfrán, los Juárez entre tantos otros, sujetos que han permanecido en el Poder de una u otra manera (no tan legal, la excusa ha sido el “Voto”) los últimos 30 años; y después que dejan el lugar atacan a los que vienen por no hacer esto o aquello, mientras ellos no hicieron nada, porque no quisieron, durante el tiempo que estuvieron. O lo que hicieron no lo aplicaron ni se puede aplicar. Sólo subsidiaron la pobreza, salud, educación, trabajo, etc.

Es importante entender que la Silenciosidad de la Muerte a la que son arrastrados nuestros pueblos, en especial en el NOA y NEA, son producto de que muchos “sistemas de salud provinciales tienen la orden de no registrar muertes por tres causas asociadas con la pobreza: tuberculosis, desnutrición y mal de Chagas”. Pero los gobiernos se salvan a sí mismos argumentando que es un problema cultural; por lo tanto es culpa de los indios morirse de hambre o enfermedad, en particular los del Gran Chaco, que abarca a las provincias de Salta, Formosa, Chaco y Santiago del Estero.

En el sur, Chubut, hoy se están avasallando a los hermanos mapuches. Siempre gana el poderoso, el explotador, el asesino de aguas, montes, fauna. El asesino de generaciones que pasaron, están o están por venir.

Es mucho lo que se puede decir, pero poco es lo que se hace. Todos tienen recetas para solucionar los problemas de pobreza, salud, educación, vivienda, derechos humanos, etc.; pero ninguno los soluciona. Se mira hacia otro lado esperando la solución en los “otros”, la inversión del afuera, cuando todo es beneficio para los de afuera y unos pocos poderosos del adentro.

Los “dueños” de los territorios ancestrales, expulsan –en el mejor de los casos- o mandan a los gobernantes de turno a expulsar a nuestros hermanos indígenas; sea en el espacio que sea del territorio argentino. Los gobernantes de los Estados provinciales con problemas, sólo miran sus bolsillos y cuentas dentro y fuera del país. Los sindicalistas y referentes de organizaciones sociales, sólo se ocupan de negociar sus propios espacios y no al trabajador o necesitado que cada uno tiene. Tienen por presión, amenaza o necesidad.

El trabajo, la pobreza, salud yla educación no estarían en éste estado de emergencia general si no fuese por la corrupción-prostitución de la dirigencia en general.

Los Derechos Humanos parecen existir para los corruptos y para aquellos que aplastan los Derechos de las víctimas. Especialmente las víctimas de los pueblos originarios. Que también en muchos lugares es por la complicidad o traición de algunos dirigentes indígenas que reparten el espejito pequeño para los indios y el espejo grande para verse ellos.

Todos los días es un muerto o preso nuevo en nuestra Cultura. Todos los días, un Derecho Humano pisoteado para nuestra gente, por parte de las autoridades y dirigencia. Como si las únicas víctimas fuesen las del pasado 1976-1983, y no las generaciones presentes que perdieron y pierden Derechos, aún con Constitución Nacional, Leyes o Convenios Internacionales. Pero no existen ni están vigentes para un Estado que aprueba pero no aplica.

Los “Derechos Humanos” no defienden en verdad nuestros Derechos, sino que utilizan nuestras problemáticas como banderas para sus propios beneficios. También es cierto que se prestan mutuamente la gente entre organizaciones indígenas y organizaciones sociales, para distintos tipos de manifestaciones; pero los Derechos defendidos son para algunos, en especial los que estuvieron, pero tampoco todos. Sólo algunos.

“La última década del s. XX y primera del presente han dado resultados negativos en general (al final de los regímenes de gobierno) para los indios. Con un modelo de entreguismo encubierto, permitiendo la extracción de nuestros recursos naturales, acorralando y/o expulsando a nuestros hermanos en sus territorios, talando y sembrando sin Previo Informe. En ambas décadas fueron muchas las leyes que se crearon en nuestro beneficio; aún así, el Estado ha venido practicando el genocidio por omisión.”

Ya no hay vergüenza en la dirigencia y gobernantes. La realidad lo muestra cada día. En el mientras tanto, todos y cada uno de los sin cargos, siguen en esa espera que lleva varios siglos de avasallamiento, humillación, muerte, desarraigo, subsidio, enfermedad, expulsión territorial, etc.

Es el destino de Los Nadies, como decía Eduardo Galeano en alguno de sus textos.

Por Carlos Correa

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