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La resistencia al oleoducto de Standing Rock movilizó en Washington a miles de indígenas y activistas que encabezados por los sioux lakota reabrieron también debates históricos

Era pleno invierno y habían pasado pocos días desde su asunción como Presidente electo cuando Donald Trump reactivó la construcción del oleoducto Dakota Access Pipeline (DAPL) que cruzaría por la Reservación sioux lakota de Standing Rock.

Apenas había comenzado a derretirse la nieve en el campamento Oceti Sakowin donde llegaron a acampar 14 mil personas en protesta por el trazado del oleoducto, con cerca de -20º C, cuando el 8 de marzo se ordenó a las tropas del Ejército norteamericano a desalojar el predio. Es todavía invierno en Washington DC, capital de los Estados Unidos, cuando entre los silenciosos copos de nieve que caen intensamente amortiguando los ruidos ambientales, una consigna resuena en miles de bocas nativas y sus aliados ambientalistas: ¡¡Mni Wiconi!! ¡¡El agua es vida!!

Durante días, un jardín de tipis surgió a los pies del imponente obelisco de Washington y frente al lujoso hotel de la cadena Trump en espera del gran encuentro programado por las autoridades de Standing Rock para el 10 de marzo. Ese día, en medio de una intensa nevada –a pesar de que, de acuerdo al dirigente lakota Chase Iron Eyes “este frío ni se compara con el de Oceti Sakowin”- una marcha de miles de personas se reunió frente a la sede del Cuerpo de Ingenieros del Ejército (a cargo de la construcción del DAPL), marchó hacia el hotel de la cadena Trump y terminó su recorrido frente a la Casa Blanca.

A lo largo del trayecto se dio espacio y tiempo para la palabra, la música y la danza. Se escucharon entonces las voces de los más ancianos, hombres y mujeres que hablaron de sus conocimientos, de la historia de sus tribus y de sus ancestros; las arengas de los jóvenes dirigentes sobre el respeto a la soberanía de los pueblos indígenas y la justicia que les es debida constitucionalmente. Y también se escuchó la reflexión madura, actualizada de los más jóvenes, por cuyo futuro en la Madre Tierra luchan los líderes de hoy.

Pero naturalmente, el tema central fue la resistencia al oleoducto, a su paso por tierras otorgadas a la reservación de Standing Rock en 1851 y confirmadas en 1868.
En una carta fechada el 7 de marzo, David Archambault II, actual presidente de Standing Rock, daba cuenta de la situación recordando que “seguimos desafiando los permisos federales y el paso por la reservación en la Corte/…/ aunque esa misma Corte ha rechazado varios esfuerzos de nuestra tribu y la de los sioux del rio Cheyenne para bloquear la construcción /…/mientras la causa principal sigue su curso”.

Sin embargo –señaló más adelante Archambault – es importante considerar que la Corte no se ha expedido aún sobre los puntos medulares de la cuestión: Primero, que la ley requiere una completo informe ambiental (conocido como EIS) antes de la aprobación de este proyecto por las autoridades federales y, segundo, que los Tratados entre el gobierno federal y las tribus deben ser cuidadosamente considerados antes de tomar medidas que afecten sus derechos.

“En suma –concluía el líder- la lucha contra el oleoducto ha cambiado, pero continúa con la misma fuerza de siempre” prometiendo elevar sus voces en unidad no sólo contra el DAPL sino sobre cualquier amenaza a los pueblos nativos, en la conciencia de que sin la ayuda de todos los aliados nada hubiera sido posible.

Las palabras de Archambault son profundamente significativas, ya que desde un principio la lucha contra el oleoducto, la “serpiente negra” de la profecía sioux, se planteó como una resistencia distinta. En principio se trató de un campamento pacifista, de oración, en Standing Rock, al que se fueron sumando adherentes en otros campamentos creados en los alrededores para albergar una concurrencia que llegó a sumar 14 mil simpatizantes entre nativos y militantes ambientalistas. Esto fue promovido por una campaña de difusión por redes sociales, convertida en una eficiente herramienta de convocatoria que descubrió el poder de una nueva arma defensiva: la opinión pública, para la cual ya nada queda sin saberse, como ha sucedido históricamente, por ejemplo, con las sucesivas violaciones a los tratados firmados por el Gobierno federal y las tribus nativas de Norteamérica.

Si bien aún no se han ofrecido cifras sobre la concurrencia a la marcha en Washington, se sabe de la presencia de representantes de las 300 tribus norteamericanas que apoyan a Standing Rock desde el comienzo de los reclamos y también de representantes de pueblos sudamericanos y del Tibet. Es que, tal como especificara Chase Iron Eyes, la propia dinámica de la protesta ha hecho que los reclamos dejen de reflejar exclusivamente los problemas de un pueblo o sector de la sociedad. El fenómeno de Standing Rock dio cabida no solo a la visibilización de los pueblos originarios de todo el mundo sino a los problemas ambientales y la persecución a indocumentados, musulmanes, afrodescendientes, deportados, etc.

Con objetivos bien claros y en forma organizada, los responsables indígenas de la marcha del 10 de marzo se expresan a través de Judith LeBlanc, de la tribu caddo y directora de la Alianza de Organizadores Nativos, uno de los tres organizadores de la misma “Necesitábamos traer nuestras plegarias y el poder de los pueblos a las calles de Washington para recordarle al presidente Trump, su administración y al Congreso, que las tribus permanecemos unidas”- y agrega- “Sabemos que estamos protegiendo nuestro derecho a decir No”.

“El 10 de marzo –enfatizó por su parte Chase Iron Eyes el 7 de marzo- convergemos en Washington DC para recordarle al Presidente, al juez Boasberg y al Ejército que se están sumando a una peligrosa corporación criminal. Si hay un derrame, tendrán petróleo y sangre en sus manos y no les permitiremos olvidarlo”

El próximo encuentro está planeado para el 29 de abril, en la Marcha del Movimiento Climático, mientras que en el espectro temático abierto por el “caso” Standing Rock, ha comenzado a considerarse no sólo el bloqueo financiero a los inversionistas del DAPL a través de bancos americanos y europeos, sino temas tan medulares como la vigencia en la ley norteamericana de la “doctrina del descubrimiento”, concepto de derecho internacional público originado en bulas papales del siglo XV y aún vigente en Estados Unidos, por el cual se precisa “que el descubrimiento otorgaba el derecho a asumir la soberanía sobre los pueblos no convertidos (no cristianos) de Africa, Asia y América del norte y del Sur y a gobernarlos”. Este principio fue citado por última vez en 2005 en un juicio sobre el cobro de impuestos a los indios oneida.

Standing Rock ha abierto muchas puertas. Y las seguirá abriendo.

Por María Ester Nostro

Fuentes:
Indian Country Media Network
Native American News
Lakota´s People Law Project
Native Daily Network
Fecha: 13/3/2017

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