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Investigaciones arqueológicas comprueban una activa y particular presencia de pueblos indígenas en el actual territorio de la ciudad de Buenos Aires, mucho antes de la llegada de los conquistadores

Tras la Buenos Aires de 1536

Todo comenzó hace unos tres años, cuando un equipo interdisciplinario de investigadores argentinos y vascos de las Universidades del Museo Social, de la UBA y del País Vasco (UPV) integrado por Ulises Camino, Daniel Loponte, Agustín Azkarate Garai-Olaun y Daniel Schavelzon, estaban buscando indicios de la primera fundación de Buenos Aires.

Y sucedió entonces -como ocurre tantas veces en las investigaciones- que se encontraron con algo que no estaban buscando, pero no por eso menos importante: en lugar de los restos de aquel primer asentamiento fruto de la expedición del adelantado Pedro de Mendoza, se toparon con un conjunto de restos que indicaban la presencia de una población estable en la zona del sur de la ciudad, en las cercanías del actual Autódromo y el Parque Ribera Sur.

Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU) de la Universidad de Buenos Aires, a quien recurrimos para esta nota, nos confirma todos estos datos y nos aporta además que el proyecto se basó en un principio en los sitios explorados por el gran naturalista Carlos Rusconi en los albores del siglo XX.

“Mientras buscábamos en esos lugares” – comenta- “empezamos a encontrar puntas de flechas, tiestos (restos de cerámica indígena) vasijas y vestigios de viviendas que corresponderían a uno de los primeros asentamientos indígenas en la zona, con una posible antigüedad de mil años”-

Un importante campamento originario

Fragmentos de cerámicas correspondientes a vasijas utilizadas para cocinar y transportar agua, puntas de flechas, cuentas de collares, vértebras de guanaco, falanges de venados de las pampas, cáscaras de huevos de ñandú, entre cientos de elementos encontrados, son indicadores al dia de hoy de los vestigios de uno o varios campamentos indígenas de cazadores recolectores de las pampas .

Por los restos de animales encontrados sabemos que cazaban a aquellos animales además de otros más pequeños como nutrias y vizcachas entre muchos otros. El tipo de piedras encontradas provienen probablemente del sistema de sierras de Tandilia aunque también del litoral mesopotámico (Entre Ríos) y el actual territorio uruguayo.

Tal vez una de las claves para entender y dimensionar la importancia de este campamento originario sea el hallazgo de un conjunto de agujeros de postes ubicados de manera simétrica, lo que nos estaría señalando la presencia de los clásicos “toldos” indígenas tan característicos de Pampa y Patagonia que constituyeron la vivienda típìca de los cazadores y recolectores desde tiempos ancestrales y hasta fines del siglo XIX

Schavelzon nos explica entusiasmado “que al menos se encontraron unos doce agujeros de poste de unos 15 a 20 cm de diámetro, son círculos perfectos que denotan estructuras de viviendas o paraderos más o menos estables lo que puede indicarnos también que los cazadores vivían o pasaban allí un tiempo y dejaban esas estructuras montadas para utilizarlas nuevamente al regresar al lugar. Incluso podrían haber sido utilizado como incipientes depósitos”

“Este es todo un tema” –enfatiza Schavelzon- “porque es una técnica de construcción que no solo viene desde tiempos ancestrales sino que pervivió mucho tiempo después y en la mismísima Buenos Aires hasta el siglo XVIII, como las famosas “rancherías” e incluso los “toldos” de indios que en un porcentaje bajo pero porcentaje al fin, vivian en la ciudad”

En cuanto a la antigüedad de este asentamiento-paradero-campamento se sabe ahora que es del siglo XII, o sea unos 200 a 300 años antes de la llegada de los españoles, es decir rozando los mil años a que haciamos alusión anteriormente .

“Se analizaron las cerámicas y tenemos cinco fechados obtenidos por el método de la termoluminiscencia en diferentes laboratorios de España. Son estudios muy serios y contundentes que arrojan fechados coincidentes” –nos aclara Schávelzon- “La termoluminiscencia se utiliza en arqueología para determinar la antigüedad de piezas que hayan sido sometidos al calor. Nuevos estudios nos ayudarán a determinar la antigüedad de los huesos de guanacos y venados de las pampas, con lo cual tendremos un panorama todavía más completo”- agrega.

Los investigadores prevén otros estudios como la reconstrucción de la flora, la fauna, la temperatura, el medio ambiente y las condiciones ecológicas en general, a los que se sumarán miradas más específicas aún, como el análisis de ácidos grasos a la cerámica para detectar que alimentos se cocinaban en ellas.

¿Quiénes eran? ¿Quiénes son?

Esa es una de “las”“preguntas sin duda. Tal vez “la” pregunta. La historia y la antropología han sostenido desde siempre que estos pobladores fueron los querandíes (“la gente con grasa”), así denominados por los guaraníes vecinos, y término que retomaron los primeros cronistas españoles, especialmente Ulrico Schmidl soldado bávaro miembro de la expedición de Mendoza y quien nos dejara una crónica extraordinaria –el primer libro escrito en esta parte del mundo- sobre aquellos días de la primera fundación de Buenos Aires.

Los querandíes eran en realidad la porción más boreal de los tehuelches, es decir una etnia ligada a los posteriormente conocidos como günün ä küna o tehuelches del norte: Pero en todo caso y tal como los investigadores de este gran hallazgo ya lo están determinando, los habitantes de este campamento indígena de hace casi mil años han sido cazadores de las pampas que extendieron sus territorios hasta las zonas costeras en una gran movilidad característica del espíritu nómade no solo asociado a la búsqueda constante del alimento sino a la necesidad existencial de no fijarse a un lugar.

Desde este punto de vista, es probable que este sitio depare con la continuidad de las investigaciones otras novedades, y que los mismos especialistas han deslizado como posibilidad: la presencia no solo de un grupo indígena sino de varios.

Esto es casi seguro que haya sido así; pueblos vecinos como los guaraníes y chana timbú que llegaban hasta el delta del Paraná en sus veloces canoas o los charrúas para quienes su territorio originario iba mucho más allá de las fronteras del actual Uruguay, al que denominaban Pirí Guazú, “la Gran Toldería”, es muy razonable que hayan llegado hasta este territorio y compartido –o disputado- estos antiguos campamentos-asentamientos

El mismo Schmidl - con las reservas del caso con que hay que considerar ciertos detalles de denominaciones o cifras en las crónicas- habla de un ataque al frágil rancherío -que no era otra cosa la entonces naciente Buenos Aires- por las “cuatro naciones, una llamada querandí, otra guaraní, la tercera charrúa, la cuarta chaná-timbú”

Pero tiempo al tiempo. Schavelzon nos asegura que hay mucho aún por investigar y descubrir. Cuando se reanuden las excavaciones y al grupo de arqueólogos se sumen especialistas de otras disciplinas, seguramente nuevas evidencias aparecerán en este fantástico camino de revisitar nuestro pasado, que ya, con estos valiosos descubrimientos, nos anticipa una mayor riqueza y complejidad de estas comunidades.

Debemos estar atentos. En un futuro muy próximo seguramente tendremos más noticias desde el país de los “tigres”, que así llamaron los españoles a los jaguares.

Animales sagrados por excelencia del mundo indígena, toda la región estaba llena de ellos. Y fueron varios, según cuenta Antonio Rodríguez, un cronista no tan conocido como Schmidl pero tan marino como él en la expedición Mendoza, los que atacaron y comieron a los seis primeros hombres que desembarcaron. Tal vez una señal de que la tarea que los conquistadores tendrían por delante, no sería nada fácil, y no solo a causa de los pueblos originarios con los cuales se encontrarían pocas horas después.

Por ElOrejiverde
Fecha: 17/4/2017

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