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La reflexión de un lonko pampeano acerca de los territorios ancestrales y las empresas extractivistas en una perspectiva que va más allá de las fronteras del mundo indígena

Viajando en el Cono Sur rumbo a Zapala en la Provincia de Neuquén, me comentaba la hermana Delia Cañumir los nombres de todos los paisanos mapuches que habían sido dueños de la tierra y la ubicación de sus antiguas propiedades.

Tierras, petróleo y miseria

Toda esa tierra hoy es propiedad de las empresas petroleras y me preguntaba en ese entonces ¿cómo pudo suceder semejante despojo? Una respuesta rápida era el marco legal que nos da el Derecho Romano, el cual a diferencia del Derecho Anglosajón no permite el acceso a los bienes que se encuentran bajo tierra (me disculpo si no soy preciso con la cuestión legal).

Otra de las posibilidades era la apropiación de la tierra de parte de políticos y empresarios con un sinnúmero de recursos en desmedro de las comunidades y fiscaleros prácticamente indefensos.

Lo que no esperaba escuchar o saber, era la acción de algunos lonkos y peñis (hermanos) entregando la tierra o permitiendo la explotación en lugares claves para la comunidad. Recuerdo que me hablaban de una lonko que a cambio de dinero y una cuatro por cuatro permitió la explotación petrolera en las vertientes de la comunidad, realmente me cuesta creerlo todavía hoy.

Dicen que la hermana fue separada de su cargo, pero como era miembro de una famosa confederación mapuche le consiguieron un lugar en el Ministerio de Agricultura en el área de Agricultura Familiar. Si ésta historia es real, es una historia triste, y lamentablemente no es la única.

Últimamente se habla de la sociedad que habría entre algunos pastores evangélicos devenidos en punteros políticos. Política y religión al servicio de las grandes empresas con el aval de la política nacional y provincial. Muchos son los casos también en donde todos aquellos actores que deberían ayudar a las comunidades, se convierten en explotadores de las mismas.

Recuerdo mi paso por Ruca Choroy en el año 2000 y como a pesar de haber 12 fuentes de ingresos para la comunidad, muchos hermanos vivían en la miseria. Una idea maduró en mí aquel día al ver que tantas organizaciones indígenas, no indígenas, religiosas, político partidistas, estatales y privadas entre otras se beneficiaban con la pobreza de nuestra gente. "La miseria no es un fin en sí misma, es un medio". Muchos no quieren solucionar los problemas de nuestra gente, los necesitan donde y como están para seguir explotándolos, viviendo de su miseria.

Que la Madre Tierra no sufra más

Como corolario de toda ésta situación miserable, nos queda pensar: ¿vale la pena tanto empeño en la explotación de combustibles fósiles? ¿Depredar la Madre Tierra de la manera en que se está haciendo? Para los que se benefician con éstas acciones no hay duda, "solo son negocios ", "no es nada personal”. Para ellos el futuro está en otro lugar, en otro negocio. Poco importa que hoy en día haya tecnologías limpias que nos permitan ser más eficientes en el cuidado del medio ambiente. Los países desarrollados con conciencia del riesgo ecológico que vivimos hoy en día a nivel planetario no permitirían jamás muchas de las prácticas que en nuestro país se realizan.

No se trata de volver a la edad de piedra como algunos pregonan, tampoco es cuestión de beneficiarse sin costo económico y moral alguno. Usando a la ciencia para encontrar justificaciones o manipulando a Cristo, que todo lo perdona.

Esta hipocresía tan común en muchos lugares del planeta no es posible en el mundo indígena, tenemos figuras como Walitsum o la hacedora del bien y el mal. Ella nos interpela y nos pregunta: ¿Has hecho bien? Lo cual no nos da alternativa: "las cosas se hacen bien, sino hay que pagar el precio". Lo que me lleva a pensar: los responsables en el poder hoy en día: ¿están dispuestos a pagar los costos si como resultado de sus acciones terminan perjudican al medio ambiente y por ende a la humanidad?

Yo espero que sí, aunque no sé si al menos son consientes de sus actos.

Por Luis Eduardo Pincén
Fecha: 12/6/2017

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