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Daniel Wüsüwüll Huircapan Miranda, uno de los máximos referentes del pueblo günün a küna mapuche de Chubut, actualiza las perspectivas de las comunidades indígenas en un contexto de creciente espiritualidad.

Daniel Wüsüwüll Huircapan Miranda tiene 29 años pero parecen más. No por su apariencia física, sino por su camino y su maduración. Es trastaranieto del cacique Benito Chingoleo, quien fuera hermano de José Maria Bulnes Yanquetruz, ambos hijos de Cheuqueta, todas grandes autoridades günün a küna en el siglo XIX, cuando los “territorios indígenas libres” eran todavía una extraordinaria realidad en esta parte del mundo.

Es un hombre de linaje, pero eso no lo hace sentirse por encima de nadie, parece tomarlo como parte de sus sangres tehuelches, que eso son los günün a küna, hasta que en su genealogía aparece don Antonio Hurcapan Nahuelpan, su bisabuelo mapuche oriundo de Temuco.

Detenta el cargo de gamakia (cacique) de la comunidad Atükka achkejnük (Guerreros de la tierra), de Puerto Madryn Chubut, integrada por veinticinco familias. “La provincia de Chubut tiene un total de ciento veinticuatro comunidades indígenas”, afirma Huircapan- noventa y seis de las cuales ya tienen Personería Jurídica con reconocimiento provincial y nacional del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas); por otro lado un total de 50 comunidades iniciaron en julio de este año el Relevamiento Territorial de acuerdo con la ley .26160 que permitirá el afianzamiento de esas comunidades. Pero tal vez lo más importante de los últimos tiempos” –continúa-haya sido el parlamento de Corcovado en abril de 2014, con presencia de los representantes de todas las comunidades y las más altas autoridades provinciales. Allí me definí como günün a küna y detrás mío muchos otros hermanos agregándose luego los que se presentaron como aoniken y como mapuche. A partir de ese momento quedaron oficialmente reconocidos los tres pueblos: günün a küna, aoniken y mapuche”.

Entusiasmado, Daniel Huircapan habla de los últimos logros del Programa Quinché, enmarcado en la Educación Intercultutal Bilingüe, con la peculiaridad de que los mayores de las comunidades han sido incorporados como docentes en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se conmueve al comentar la segunda restitución de restos de Inacayal en diciembre de 2014, que completa la primera entrega de 1994 a sus comunidades de origen por parte del Museo de La Plata. Está escribiendo un libro que espera publicar hacia fin de año: Günün a küna. Un pueblo nación que vuelve del olvido y de la invisibilización.

La espiritualidad como camino de un tiempo de paz

Cuando ElOrejiverde le preguntó a Huircapan cómo se accede al cargo de gamakia, fue contundente: “Primero es menester haber estado en el servicio espiritual y recién después servir política y socialmente al pueblo. El servicio espiritual implica que la persona tiene que estar hasta los veinte años preparándose al lado del gamakia, y debe ser fundamentalmente una persona de buen corazón, que busque el bien común y la paz. Eso decía la abuela Manuela Tomas, una gran referente espiritual. Y después de veinte años más o menos la persona podría llegar a ser gamakia, alrededor de los cuarenta años de edad”

En el año 2007, cuando contaba con 21 años fue designado como sargento (responsable espiritual) de la ceremonia del Camaruco (Yachütükïnach a duput, Rogativa Grande) en la comunidad Ñuke Mapu de El Molle. Desde entonces es sargento de Rogativa (Yachütükïnach a güshchï o Pichi Nguillatún)

La importancia de asumir el camino de paz que hoy señalan las ceremonias, le hace tener presente al cacique las palabras de otra abuela muy importante, Palmira Hueche: “Basta de violencia, no más enfrentamientos armados, debemos cuidar lo que tenemos y así avanzar sin pelear”

Un signo de estos nuevos tiempos es que ya no hay más sacrificios de animales (generalmente potros) en las ceremonias porque los mayores dicen que no es época de guerra, y seguramente la creciente apertura de las ceremonias a personas no indígenas está también denotando una inclusión impensada hace no muchos años atrás. Esto debe ser leído como una fortaleza, antes que una debilidad, en estas comunidades que están atravesando los intensos caminos de la recuperación de la cosmovisión y las tradiciones.

Huircapan sabe que su comunidad es una más en este transito de volver a traer y/o recrear mucho de lo perdido. Está como muchas otras en un proceso de reconstrucción que cada vez aparece con más fuerza. “Cuando he participado de fiestas y celebraciones de los kollas veo como los mayores empiezan a tocar sus instrumentos e inmediatamente los jóvenes salen a bailar, en ellos su música y sus danzas están totalmente vivas, pues bien, mi sueño es poder ver danzar a todos mis hermanos al son de la música de los ancestros”.

Fuente: El Orejivede
Fecha: 22/08/2015

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