Aun sin poseer escritura, si realmente carecían de ella, los incas contaron con múltiples formas orales y visuales de registro, comunicación y preservación de la memoria en las que se asentó el funcionamiento del Tawantinsuyu.

La pregunta surge naturalmente al considerar la expansión territorial del Incario en poco menos de 200 años (desde la victoria de Pachacutec sobre los chancas, aproximadamente en 1438, hasta la muerte de Atahualpa en 1533) sobre un territorio de unos 2 millones de km2 (desde Ecuador hasta Chile) con alrededor de 12 millones de habitantes: ¿con qué herramientas contaban los señores del Cusco para administrar esta maquinaria de conquista, productividad y control social basada en principios míticos y una compleja escala de poder y autoridad presidida por el Sapa Inca?

Los quipus, contabilidad con nudos

Con una organización social compleja, compuesta por numerosos miembros de la nobleza (recordemos que cada Sapa Inka contaba, aun después de muerto, con una panaca o familia extensa que disponía de bienes, propiedades y tributos), una clase sacerdotal a cargo de imponentes templos y santuarios y un nutrido ejército responsable de la expansión y control territorial, así como la satisfacción de la obligante reciprocidad con las comunidades aliadas, los gastos del estado incaico requirieron una formidable burocracia especializada en el registro de ingresos y egresos de los recursos económicos.

Esta tarea se realizaba mediante el registro en quipus, una variedad de nudos en cordeles de lana o algodón de distintos colores y grosorescolgados de una cuerda principal,dando cuenta, por ejemplo,del origen, producto y volúmenes de las cosechas,e incluso de las proporciones correspondientes a cada destinatario. Aparte de registro numérico, estosverdaderos archivos contables habrían cumplido una función narrativa refiriendo linajes y hechos históricos que, aunen épocas de la colonia, sirvieron para legitimar reclamos ante la corona española. La confección de quipus estaba a cargo de los quipucamayoc, miembros de las clases altas quienes, según cronistas como Garcilaso de la Vega en el siglo XVII, eran formados desde niños en escuelas especializadas.

La narración como memoria

La transmisión de conocimientos e historia de las comunidades andinas se realizaba en forma de relatos familiares, ceremonias y demostraciones prácticas en el caso, por ejemplo, de las técnicas agrícolas. Pero fueron los cronistas españoles quienes dejaron testimonio escrito de las narrativas y prácticas durante las celebraciones públicas presididas por el Sapa Inca, nunca complementadas por la observación directa de los españoles, pero sicontenidas en la memoria de sus informantes indígenas.

Entre los incas, los rituales y ceremonias públicas, ejecutadas en determinadas fechas del ciclo agrícola o celebración de conquistas militares, en el contexto del rito y la relación con lo sagrado eran momentos de revitalización de la memoria colectiva legitimando el prestigio del gobernante con el recitado de su linaje y los hechos destacados de su gobierno. Está estrategia, el refuerzo permanente de la autoridad de Sapa Inca, aparece como una herramienta política imprescindible en el gobierno del Tawantinsuyu, un entramado de pueblos muchas veces rebeldes, sin hablar de las rivalidades entre las panacas cusqueñas, que competían social, política y económicamente en los más altos niveles del poder.

Tan delicada tarea se hallaba a cargo de los haravicus y los amautas, funcionarios especialmente entrenados en la transmisión oral de la memoria colectiva.

Los haravicus eran poetas quienes, mediante la música, la danza y la poesía intervenían en las festividades entonando harawis (composiciones líricas sobre la memoria colectiva o los sentimientos personales) hayllis (cánticos de exaltación guerrera, hazañas de los incas y grandeza de los dioses) y animando la qhashwa, danza colectiva generalmente en círculo.

Los amautas, por su parte, eran filósofos consejeros y maestros formales a cargo de la educación de los jóvenes de clase alta y el recitado solemne, durante las fiestas públicas, de los mitos y la memoria dinástica, haciendo una exaltación ceremonial y colectiva de la autoridad política.

Memoria visual

Otra forma de transmisión de la memoria y el conocimiento fue a través de la imagen diseñada sobre cerámica, textiles, madera, cueros o muros, con profusión de diseños tanto simbólicos como realistas. En este ámbito el rol central recaía en los quillcacamayoc, del quechua quillca (grafico o responsable de la pintura), pintores oficiales responsables de que los símbolos, la historia y las genealogías quedaran correctamente fijadas en imágenes, complementando la función testimonial de quipus y narrativas orales. No en vano muchos autores identifican a estos funcionarios como escribanos o guardianes gráficos de la memoria inca pues supervisaban desde el contenido hasta la disposición y colores utilizados en objetos como ceramios, keros, vasos ceremoniales de madera pintada, oro o plata, con imágenes de divinidades, animales sagrados (cóndor, puma, serpiente), escenas guerreras, plantas y elementos naturales con guardas de chakanas, grecas o tokapus, cargados de simbolismo.

El término tokapu se refiere a un motivo geométrico de cuadrados generalmente pequeños dispuestos enforma estilizada que se repetía tanto objetos ceremoniales como en textiles (túnicas, mantos), a manera de códigos que revelaban públicamente la identidad y rango de sus portadores.

Pinturas en telas, tablas, muros

Aunque arqueológicamente no existen pruebas de su existencia, algunos cronistas españoles, como Pedro Sarmiento de Gamboa en el siglo XVI, mencionan la existencia de por lo menos un depósito, el Puquicancha, recinto anexo al Coricancha o Templo del Sol, donde se conservaban, bajo custodia, telas y tablas pintadas con escenas históricas plasmadas en forma realista. Un resabio de este tipo de registro seria la forma con que Guaman Poma de Ayala, cronista de origen indígena, enriqueció sus descripciones, en su valiosa Nueva Crónica y Buen Gobierno de 1615, mediante el somero pero ilustrativo dibujo de múltiples aspectos de la vida incaica.

Con respecto a la pintura de edificios, cabe señalar que la estética incaica se inclinaba por recubrir total o parcialmente los muros con planchas de oro, hecho que exacerbo la codicia de los españoles y provoco la destrucción de un sinfín de construcciones.Laexistencia sobre la costa peruana algunos de recintos pintados, como Tambo Colorado y Pachacamac, suele ser atribuida a influencias de tradiciones no incaicas.

Memoria y presente

Cabe destacar la perduración de algunas de estas expresiones, como el harawi, modo poético íntimo y sentimental que ha perdurado a lo largo de los siglos y sigue siendo motivo de estudios literarios. Asimismo, muchas de las danzas populares y estilosmusicales de estos días son reconocidas derivaciones de las ejecutadas en tiempos incaicos.

Tanto los quipus como las expresiones orales y visuales fueron lenguajes no escritos, muchos de ellos desparecidos, transformados o plenamente vigentes, pero que, aun suplantados por la escritura en tiempos de la colonia, no solo dejaron su huella en la cultura sino que demostraron su eficacia en el ordenamiento y desarrollo del imperio prehispánico más extenso de toda América.

Por María Ester Nostro
Fecha: 28/05/2026

Fuentes:


https://es.scribd.com/doc/134773350/El-Harawi-docx
https://archive.org/details/guaman-poma-de-ayala-felipe.-nueva-coronica.-tomo-i-ocr-1980
https://www.researchgate.net/publication/327971951_Khipu_T'uqapu_y_Qillqa_y_la_historia_de_los_Inca
Inca Garcilaso de la Vega Comentarios Reales, Editorial Estrada, 1939, Buenos Aires
Cieza de León, Pedro. El señorío de los incas. Edit. Historia 16, 1985, Madrid
Murra John V. La función del tejido en varios contextos sociales políticos. En Formaciones económicas y políticas del mundo andino. IER, 1975, Lima.
Porras Barrenechea, RaulQuipu y quilca (contribución histórica al estudio de la escritura en el antiguo Perú) En: Revista del Museo e Instituto Arqueológico Vol. 8

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