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Tras más de una década de trabajo, que incluyó la convivencia con el pueblo originario, María Eugenia Suárez investigadora del CONICET logró reunir y catalogar las plantas medicinales utilizadas por los wichís y describir sus usos terapéuticos y las formas de preparación y aplicación.

El desmonte creciente atenta contra la sustentabilidad de estos recursos.

El pueblo wichí reside en un área que abarca parte de las provincias de Salta, Chaco y Formosa, y una pequeña franja de tierra del sudeste boliviano. Un sitio que ofrece un singular atractivo para quienes se dedican a la etnobiología, una disciplina que estudia los vínculos que los grupos humanos establecen con el resto de los seres vivos y con el ambiente, en un contexto cultural, espacial y temporal determinado.

Es el caso de María Eugenia Suárez, docente de Exactas UBA e investigadora del CONICET en el Instituto de Micología y Botánica (INMIBO) quien, desde hace más de una década, se dedica a estudiar la etnobiología de los wichís.

Para ello, una o dos veces al año, efectúa campañas de larga duración durante las cuales convive con ese pueblo originario. Allí, recorre el monte acompañada por los habitantes de diferentes aldeas que le señalan cuáles son las plantas medicinales y le explican cómo y para qué las utilizan. Entretanto, ella recolecta los ejemplares señalados, los guarda en folios especiales (vouchers) para conservarlos y, finalmente, identifica a qué especie pertenecen.

La información reunida entre 2005 y 2017 acaba de publicarse en el Journal of Ethnopharmacology: “Este trabajo compendia un listado enorme de especies medicinales, con un detalle pormenorizado de sus usos específicos, de qué partes de la planta se utilizan y de cómo se utilizan”, describe Suárez. “Son 115 plantas que en la cultura wichí tienen 408 usos medicinales, y que les permiten tratar 68 síntomas o enfermedades diferentes”, revela.

Para construir este formidable registro, la científica recopiló y consensuó la información brindada por 51 personas que cuentan con esos saberes y que habitan distintas comunidades del Gran Chaco.

Según el estudio, estas especies se usan principalmente para tratar la fiebre, los problemas digestivos, las afecciones respiratorias y de la piel, así como algunos “asuntos femeninos”, como los dolores menstruales. “Son los problemas de salud prevalentes en el contexto wichí”, señala Suárez. Los wichís usan las plantas medicinales para curar lo que ellos mismos consideran “dolencias menores”. “Para las ‘enfermedades verdaderas’, las que según la concepción wichí se deben a que ‘el alma se fue del cuerpo’, como la gripe o el sarampión, recurren a un agente especializado, que puede ser el chamán, el curandero, el cura o el médico”, explica.

“El corpus de plantas medicinales wichís está en aumento y se diversifica”, afirma Suárez. “Los wichís están incorporando plantas medicinales nuevas sin abandonar las que constituyen sus remedios tradicionales, con el fin de ampliar el espectro de alternativas para tratar tanto las enfermedades antiguas como las nuevas”, consigna. “La búsqueda permanente de nuevas plantas medicinales obedece principalmente a que las prácticas chamánicas, para algunos, ya no son tan efectivas como antes y, también, a la dificultad de acceso a los centros de salud”.

Según los resultados de la investigación, el enriquecimiento creciente de la farmacopea wichí se está dando a partir del intercambio de conocimientos con comunidades próximas, principalmente los campesinos criollos: “Predomina la cercanía geográfica, la vecindad, por sobre la cercanía cultural”, observa.

El trabajo también muestra una especie de ranking de las plantas medicinales más versátiles (con múltiples usos) y que más se utilizan en la cultura Wichí: “Son quince especies que funcionan como un “botiquín de emergencia”.

Preocupada por los efectos del creciente desmonte que está sufriendo la región, Suárez opina:

“Están arrasando con los recursos de la zona y eso afecta directamente a quienes viven allí, que cada vez tienen menos oportunidades de supervivencia. Si bien este estudio es de investigación básica, el conocimiento obtenido podría ser empleado para el desarrollo de proyectos locales de manejo sustentable de productos del bosque, en este caso, plantas medicinales, que beneficien a las comunidades locales.

La tarea de los etnobiólogos es de alguna forma traducir los saberes locales y nativos a la ciencia occidental y viceversa. Una de las etapas más importantes de nuestro trabajo es “devolver” de alguna manera los conocimientos aprendidos a la propia sociedad que nos la proveyó. Y debe ser de una forma que a ellos les interese y sirva.

La confección de materiales didácticos, diccionarios, colaboración en proyectos de desarrollo local, talleres (por ejemplo, de revitalización de saberes antiguos sobre preparación de alimentos o medicinas tradicionales a partir de plantas, animales, minerales, hongos del entorno), son algunas de ellas.

La etnobiología acerca a la comunidad científica conocimientos tradicionales y detallados sobre la fauna y flora que suelen ser muy útiles. No sólo aporta a conocer la diversidad biológica local, encontrando en numerosas ocasiones especies desconocidas para la ciencia o para zonas o regiones, sino que la información que surge de las investigaciones suele servir para demostrar la necesidad de preservar los ecosistemas nativos, tanto por su valor intrínseco como por su potencialidad para la economía y mejoramiento de los pobladores locales.

Por ejemplo, la información sobre diversas plantas nativas que son útiles a la gente como alimento, medicina, tinturas o materias primas para confeccionar viviendas, junto con los datos sobre el contexto de empleo, tabúes y demás concepciones que la gente tiene sobre ellas, son la base para poder generar y aplicar en forma satisfactoria proyectos de manejo sustentable de esos recursos, que no sólo ayudan a conservar el ambiente sino también a mejorar la calidad de vida de la gente de la zona. Y más aún, los resultados de las investigaciones etnobiológicas indican constantemente que la preservación de los ecosistemas nativos es esencial para que la preservación de la cultura y viceversa: la demostración de la relevancia simbólica y de la utilidad práctica de todas y cada una de las especies biológicas y de los ecosistemas en su conjunto, así como la descripción y análisis del papel de los mismos en los diversos aspectos de la cultura afirman una y otra vez que territorio, patrimonio natural y cultura son aspectos de una misma entidad, sobre todo para las sociedades indígenas, y destruyendo una se destruyen las demás. Esto no es novedad, sólo que algunos lo sabemos y trabajamos para evitarlo, mientras que otros lo saben y tratan de que esta realidad se transforme en un mero recuerdo de tiempos pasados.

Para todos aquellos interesados en conservar la diversidad biocultural, esta disciplina científica es una herramienta interesante para contribuir a cambiar el rumbo de regiones que hoy parecen destinadas a desaparecer bajo el aplastante poder de los intereses de pocos que no pueden o no quieren ver desde otra perspectiva, aquella donde naturaleza y cultura van de la mano, y donde el respeto por la diversidad biológica y cultural es sinónimo de bienestar."

Por Gabriel Stekolschik
Foto: Pablo Fernández Elisegui
Fuentes: nexciencia.exactas.uba.ar
https://nexciencia.exactas.uba.ar/plantas-medicinales-wichi-saberes-tradicionales-etnobiologia-maria-eugenia-suarez
Fecha: 20/5/2019

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