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Se realizó en Los Toldos, la pequeña y bella ciudad de la provincia de Buenos Aires el Festival Mapuche, un gran evento de identidad, diversidad y riqueza intercultural

La mañana del sábado ya anunciaba el calor agobiante del día y a medida que caminábamos nos rodeaba otro clima, ese que es norma habitual en los pueblos del “interior”, con personas que muy amistosamente nos saludaban y nos preguntaban si veníamos a cubrir el Festival.

Desandamos la avenida Coliqueo en las ocho a diez cuadras que nos separaban desde la Bartolomé Mitre en el centro de la ciudad hasta llegar al punto de encuentro: la Ruka Kimun Mapuche, el amplio espacio de la comunidad Hermanos Mapuches de Los Toldos.

Allí, durante dos días, el sábado 2 y el domingo 3 de diciembre se llevó a cabo una nueva edición del Festival Mapuche, un tradicional encuentro que se llevó a cabo durante diez años pero que había dejado de realizarse desde 2014. Este año regresó, centrado como siempre en el telar indígena, pero esta vez con una gran diversidad de nuevas propuestas.

Dos días de intensas y muy organizadas actividades

El predio estaba muy bien distribuido en sus distintos espacios: la carpa de conferencias, el gran escenario para los artistas, el sector gastronómico, los stands de artesanos y el gran galpón de exhibición de tejidos y prendas a cargo de las distintas organizaciones participantes.

En ambas jornadas todo comenzó muy temprano con la celebración de un Nguillipún, ceremonia de agradecimiento y esperanza de un buen día.

Luego se iniciaron los talleres (fieltro, faja pampa, bordado sobre tejido, urdimbres, cojinillo, telar mapuche), los seminarios (cultura mapuche, mapuzungun) las conferencias (medicina intercultural y “La Argentina de los caciques” a cargo del director de este diario) y los encuentros (“regresando al origen”)

Este bloque de actividades fue una de las grandes innovaciones, ya que por primera vez se contó con decenas de talleres de aprendizaje a cargo de docentes especializados, así como seminarios, conferencias y encuentros que abarcaron un amplio espectro con temas tales como cosmovisión, historia, lengua, salud y medicina tradicional. También hubo un encuentro sobre autoconocimiento y espiritualidad que se centró en lo universal y común a todos los pueblos, desde un sentido integrador.

Por la noche fue el turno de los artistas: el sábado y luego de una lluvia de verano que no hizo mella en la programación prevista, cantaron Miguel Ferreyra “El Cheuque”, Beatriz Pichi Malén y Rubén Patagonia; al día siguiente cerraron Carina Carriqueo y Tomás Lipán. Sin dudas una notable convocatoria de cantantes.

También fue posible durante el Festival disfrutar de una muy interesante oferta de turismo indígena: “Caminos de la Tribu”, una recorrida guiada por paisanos del lugar a sitios muy caros a la cosmovisión originaria: La Olla, una singular hondonada cargada de espiritualidad y extraños sucesos que se cuentan a su alrededor, probablemente un escondite para mujeres, ancianos y niños ante situaciones de peligro que podía pasar la tribu en pleno siglo XIX; y Laguna La Azotea, a partir de 2016 un enclave sagrado, cuando se descubrieron restos de indígenas pertenecientes a la comunidad de Coliqueo y que hoy está siendo preservado a partir de un convenio entre la Municipalidad, la Universidad Nacional del Centro y las organizaciones y comunidades indígenas de la zona.

Unidad indígena y apoyo municipal en un contexto nacional difícil

Desde hace un par de años al menos, las distintas comunidades y organizaciones de Los Toldos atraviesan un proceso de unidad que se expresó en el Festival. Estaban presentes referentes históricos del movimiento indígena como Nilo Cayuqueo, Liliana Antimán, la misma Beatriz Pichi Malén, Tulio Cañumil ó el infaltable Hugo Silveira, gran caminador de la provincia de Buenos Aires, difusor de la cultura mapuche.

Había paisanos de distintas localidades y comunidades de la provincia de Buenos Aires e incluso de lejanos territorios como los de Neuquén con quienes nos reencontramos en un fraternal abrazo. Hubo participaciones originales y valiosas como el Colectivo Originario, a cargo de la descendiente comechingón Fernanda Tulian y su compañero Nacho un emprendimiento de economía solidaria consistente en llevar adelante campañas de donación de herramientas de mano con el fin de entregarlas a las comunidades indígenas.

No sabemos bien si pasaron por allí las cinco mil personas previstas, pero hubo una participación masiva de gente indígena y no indígena, en un evento que contó con un apoyo muy importante de la Municipalidad de General Viamonte que ha decidido prestar una decisiva colaboración en los proyectos de los originarios, la que se notó en la excelente puesta escenográfica y una imprescindible infraestructura y logística más que adecuadas para un encuentro de estas características.

Ya habíamos observado esta unidad indígena y el apoyo municipal en ocasión de nuestra anterior visita a Los Toldos, cuando se izó por primera vez la wenufoye en la plaza central de la ciudad ocasión de la celebración del Año Nuevo mapuche en el mes de junio.

Esta vez el Festival se llevó a cabo en medio de un contexto nacional muy difícil para los pueblos indígenas en general y mapuche en particular, debido a los casos de Cushamen y Villa Mascardi en la Patagonia, agravados por las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. De hecho en la misma ciudad de Los Toldos hubo posiciones de rechazo al evento por parte de un par de organizaciones con “el argumento de que no había nada para celebrar”.

Fue distinta la posición de los organizadores, que por el contrario vieron en el Festival la posibilidad de mostrar una forma de lucha, o mejor dicho un camino que sostiene la identidad, la presencia y la fuerza de una cultura aún en medio de situaciones adversas o difíciles, como por otra parte así lo enseña la historia de los pueblos originarios. Y a estar del éxito de la concurrencia, la gran cantidad de organizaciones y comunidades participantes y el apoyo municipal y provincial (estuvo presente el Consejo Provincial de Asuntos Indígenas presidido por su Secretaria Ejecutiva Mishkila Rojas) fue una postura acertada.

En conversaciones que mantuvo ElOrejiverde con distintos paisanos, todos coincidieron en la alegría de ver que este Festival pueda volver a realizarse, para seguir mostrando no solo las demandas –el lonko Fabián Rivas de la comunidad Ignacio Coliqueo nos habló de las tierras que están reivindicando- sino sus valores, logros, sus trabajos y sus artes.

Algunos también nos expresaron los cambios que se podrían introducir hacia futuro para que el evento sea aún mejor, como por ejemplo que tipo de música pasar durante las jornadas, como encarar el desfile de indumentaria étnica o como agregar comida tradicional indígena en el sector gastronómico –que dicho sea de paso contó con una carne exquisita y de gran calidad-

Nosotros mismos proponemos que sería interesante estudiar la posibilidad de que más allá de las saludables intenciones de difusión de la cultura indígena, determinadas representaciones como la del choike purrun -la danza del ñandú- no se debiera realizar, porque en general los Mayores entienden que son prácticas reservadas exclusivamente para la ceremonia del Nguillatún y no para los ámbitos públicos.

En todo caso son sugerencias para ir perfeccionando lo que ya es un gran evento y que descontamos seguirá creciendo de ahora en más: un gran encuentro y reencuentro entre criollos e indígenas, y entre indígenas entre sí, venidos desde los más distintos puntos de la provincia y del país en un formato de actividad que señala un camino a seguir en el cual pueblos originarios, comunidad local, Estado y sociedad en general pueden construir espacios de identidad, interculturalidad y fructífero intercambio con un solo y gran objetivo: el bien de todos.

Por ElOrejiverde
Fecha: 7/12/2017

Nota:
Agradecemos a las autoridades del Municipio de General Viamonte, a Germán Ferrari de la Dirección de Prensa y Comunicación por cedernos las imágenes que ilustran esta nota y a Alejandra Bonzo. A todos los paisanos de Los Toldos, especialmente a Liliana Antimán y Nilo Cayuqueo, con una mención especial para Cecilia Suárez Wemil Huechuqueo y Hernán Coliqueo. A todos por su generosa hospitalidad y amistad.

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